Sala Introductoria a la Zona Arqueológica de Las Labradas
Constituye un espacio de interpretación diseñado para contextualizar el valor histórico, arqueológico, cultural y ambiental de uno de los conjuntos de petrograbados más importantes del noroeste de México. Mediante recursos museográficos, contextualiza los petrograbados, las culturas prehispánicas que los realizaron y la importancia de su conservación.
Introduce el entorno donde se localiza la zona arqueológica: una franja costera del litoral del Pacífico caracterizada por playas de arena, afloramientos de roca volcánica y un ecosistema donde convergen especies marinas y terrestres propias de la región. Este paisaje no solo constituye el escenario físico de Las Labradas, sino que también explica muchas de las razones por las que antiguos grupos humanos eligieron este espacio para desarrollar actividades rituales, simbólicas y de aprovechamiento de los recursos naturales.
Uno de los ejes temáticos más importantes de la sala es la explicación del origen de los petrograbados. Mediante paneles informativos, ilustraciones, mapas, fotografías y recursos audiovisuales, se describe el proceso mediante el cual los antiguos habitantes grabaron cientos de figuras sobre grandes bloques de roca basáltica utilizando herramientas de piedra. Estas representaciones incluyen figuras humanas, animales, formas geométricas, espirales, círculos concéntricos y diversos diseños abstractos cuya interpretación continúa siendo objeto de investigación arqueológica. Aunque no existe una explicación definitiva sobre el significado de cada grabado, los especialistas consideran que muchos pudieron estar relacionados con ceremonias religiosas, observaciones astronómicas, marcadores territoriales, rituales vinculados al agua o expresiones de la cosmovisión de las sociedades prehispánicas que habitaron la región.
La sala también presenta información acerca de las culturas que ocuparon la costa sinaloense durante el periodo prehispánico. Se explica que Las Labradas fue utilizada por grupos de tradición Aztatlán y por comunidades anteriores que desarrollaron formas de vida basadas en la pesca, la recolección, la caza y una agricultura incipiente. A través de objetos arqueológicos, reproducciones y materiales gráficos, el visitante puede conocer aspectos relacionados con la organización social, las actividades económicas, las creencias religiosas y las manifestaciones artísticas de estas poblaciones. De esta manera, los petrograbados dejan de verse como imágenes aisladas para entenderse como parte de un complejo sistema cultural desarrollado a lo largo de muchos siglos.
Otro aspecto relevante que aborda la exposición es la formación geológica del paisaje. Las grandes rocas donde fueron realizados los grabados corresponden a antiguos flujos de lava solidificada que, con el paso del tiempo, quedaron expuestos por la acción del mar y de los procesos naturales de erosión. Esta característica convierte a Las Labradas en un sitio excepcional, ya que la interacción entre patrimonio arqueológico y patrimonio natural crea un escenario único en México. La explicación geológica permite comprender por qué los petrograbados se conservan precisamente sobre estas superficies rocosas y cómo las condiciones ambientales han influido tanto en su preservación como en su deterioro.
La conservación del patrimonio constituye otro de los temas centrales de la Sala Introductoria. Los visitantes reciben información acerca de los riesgos que enfrentan los petrograbados debido a la erosión marina, los cambios climáticos y, especialmente, las acciones humanas como el vandalismo, el tránsito inadecuado sobre las rocas o la extracción ilegal de materiales. La exposición enfatiza la importancia de proteger este legado mediante prácticas de turismo responsable, promoviendo el respeto por las normas de visita y la valoración del patrimonio arqueológico como un bien colectivo perteneciente a las generaciones presentes y futuras.
Dentro del recorrido expositivo también se destaca la riqueza ambiental del área protegida donde se encuentra la zona arqueológica. La proximidad con el océano Pacífico favorece la presencia de diversas especies de aves, reptiles, peces e invertebrados, además de una vegetación adaptada a las condiciones costeras. La relación entre los antiguos habitantes y este entorno natural fue estrecha, ya que los recursos marinos proporcionaban alimento, materias primas e incluso elementos simbólicos utilizados en ceremonias y actividades cotidianas.
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