
Museo Nacional de Antropología
Uno de los museos de mayor importancia en el mundo, entre los más emblemáticos de México. De riqueza deslumbrante respecto a su acervo arqueológico, y de enorme valor en cuanto al testimonio sobre las comunidades indígenas del país. Un tesoro incalculable, certero y veraz.
A más de 50 años de su inauguración, el Museo Nacional de Antropología se mantiene como uno de los principales símbolos de identidad del país y mentor de generaciones que buscan conocer sus raíces culturales. Por su diseño arquitectónico y su impresionante acervo se le considera uno de los museos más importantes del mundo. El 17 de septiembre de 1964, el presidente Adolfo López Mateos abrió por primera vez las puertas de este recinto enclavado en el corazón del Bosque de Chapultepec, sobre una superficie de 70,000 metros cuadrados.
El Antiguo Museo en la calle de Moneda, hoy Museo Nacional de las Culturas, era una sede que no satisfacía las necesidades de protección, investigación y difusión de las colecciones arqueológicas y etnográficas. Desde los albores del siglo XX y en el marco del Congreso Internacional de Americanistas, Justo Sierra expresó el compromiso que debían adquirir los gobiernos mexicanos para abrir un nuevo recinto. Pese a variados intentos, dicho deseo sólo pudo verse cristalizado en la década de 1960.
El personaje que posibilitó esta obra museística fue Jaime Torres Bodet, quien, como secretario de Educación Pública, emprendió una serie de políticas de impulso a la educación en México, así como el Plan Nacional de Museos, entre los que estaba el de Antropología (fundó también el de Historia, el del Virreinato y el de Arte Moderno).
Durante el sexenio de López Mateos, Torres Bodet reunió al equipo de personajes cuya tarea sería definir los conceptos rectores del museo. Así, se integró eI Consejo Ejecutivo para la Planeación e Instalación del Nuevo Museo Nacional de Antropología, presidido por el arquitecto Ignacio Marquina —en colaboración con alrededor de 40 asesores científicos—, el cual comenzó a operar de manera autónoma, pero coordinado eficazmente con el INAH.
El proyecto se encomendó al arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, quien lo concibió no como un simple repositorio de piezas, sino como parte del patrimonio cultural de México. En consecuencia, se respetó la tradición de los pueblos prehispánicos, conservando sus valores y constantes culturales, pero aplicándolos con soluciones nuevas y en armonía con las técnicas y materiales contemporáneos; por ejemplo, para emular los templos prehispánicos, se eligió la piedra como elemento básico de construcción. Las 22 salas permanentes y la sala para exposiciones temporales —30,000 metros cuadrados en total— fueron planeadas en función de dos grandes temáticas: arte prehispánico y pasado etnográfico de las distintas regiones de México. Desde la oficina del arquitecto se coordinaron las exploraciones arqueológicas y etnográficas, se organizó el transporte de grandes piezas provenientes de diversos puntos del territorio nacional y se supervisó el traslado del acervo que había estado en exhibición en el antiguo museo de la calle de Moneda.
Cada una de las salas se encomendó a un equipo propio, integrado por investigadores, guionistas, museógrafos, pedagogos y técnicos. También se conciliaron los criterios de antropólogos, arqueólogos y etnógrafos con objeto de ofrecer un discurso coherente y homogéneo. En la planta baja se encuentran las 11 salas dedicadas a la arqueología, desde el poblamiento de América hasta el periodo Posclásico mesoamericano (culturas teotihuacana, tolteca, maya, mexica, de Oaxaca, de la costa del Golfo, de occidente y del norte). Se despliegan alrededor del patio central, ordenadas cronológicamente comenzando por el lado derecho hasta llegar a la Sala Mexica. A partir de la Sala de las Culturas de Oaxaca, el orden de presentación es geográfico. En el segundo nivel se ubican las 11 salas de etnografía, donde se exhiben muestras de la cultura de los pueblos indígenas que viven en México en la actualidad.
Otra de las joyas de este recinto es la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia Dr. Eusebio Dávalos Hurtado, la más completa en su ámbito en toda Latinoamérica. Además de los múltiples títulos de historia, antropología, arqueología, lingüística, etnohistoria y otras ciencias afines, resguarda códices, manuscritos de la Inquisición, periódicos del siglo XIX, libros de diferentes órdenes religiosas (franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas, carmelitas), ejemplares incunables, revistas especializadas, planos, mapas, anales, libros de oraciones y testimonios grabados de personas que vivieron durante la Revolución de 1910, así como tesis e investigaciones actuales. Y como complemento invaluable del discurso museográfico, desde la concepción del proyecto se consideró integrar obra plástica de grandes pintores y escultores mexicanos contemporáneos; entre ellos, Rufino Tamayo, los hermanos José y Tomás Chávez Morado y Manuel Felguérez.
El enorme acervo del Museo Nacional de Antropología dificulta una selección justa de las piezas. No obstante, valga mencionar algunas de las más representativas: Monolito de Tláloc, que custodia la entrada del recinto; Piedra del Sol, monumento colosal con el disco solar labrado como una sucesión de anillos concéntricos con diferentes elementos; Piedra de Tízoc, escultura circular en cuya cara superior aparece la imagen labrada con una oquedad en el centro; Cabeza Colosal 6 olmeca, tallada en basalto; Chac Mool en su posición característica, recostado con las piernas y los brazos flexionados, volteando completamente hacia un lado; Atlante de Tula, columna tolteca que sostenía el techo de la Pirámide B de ese sitio prehispánico; Máscara de Pakal, elaborada con aproximadamente 200 fragmentos de jade, algunos de los cuales fueron trabajados para formar la frente, los pómulos, particularmente la nariz, los párpados y los labios; los ojos son de concha e iris de obsidiana.
A casi medio siglo de su creación, el Museo Nacional de Antropología se mantiene como el más emblemático de los recintos que salvaguardan el legado indígena mexicano. Asombrosa resulta la pericia de su construcción, su innovador diseño, su arte y su simbolismo, que le han otorgado una personalidad ampliamente reconocida en el mundo.
Introducción a la antropología
Cuando se inauguró el Museo esta sala recibió el nombre de Introducción a la Antropología, pero en la pasada remodelación se llamó Sala Orígenes.
Cuando se inauguró el Museo esta sala recibió el nombre de Introducción a la Antropología, pero en la pasada remodelación se llamó Sala Orígenes.
De acuerdo con el acervo existente, hay salas que requieren más elementos de explicación que otras. De los orígenes, por ejemplo, teníamos pocas piezas que ilustrasen los comentarios del guía o del maestro, así que se recurrió a la pintura, al dibujo y al diorama.
En esta sala se encuentran murales de José Chávez Morado acerca de Mesoamérica, el de Jorge González Camarena sobre el mestizaje y otro de Iker Larrauri que ilustra el paso del hombre a América desde Asia.
Vale la pena destacar aquí un claro ejemplo del criterio museográfico original: la reproducción de la excavación arqueológica que culminó con el descubrimiento del Hombre de Tepexpan podía haber sido exhibida al mismo nivel que la sala, pero la exploración arqueológica, necesitaba vivirse y verse en su estado original y no al nivel de la sala, sino por debajo del mismo. Esta es una aplicación del concepto museográfico que persigue que el espectador viva las mismas condiciones en que se produjo un hallazgo. Esto es también observable en las Salas de Etnografía. Tratar que el espectador se sienta inmerso en las condiciones mismas en que se produjo el hecho y no conformarse con sólo observar la colección.
Con el propósito de que se demostrara a una escala real la fauna prehistórica, Iker Larrauri pintó un mural gracias al cual se puede tener una impresión de aquellos animales a gran escala. Por otra parte, el diorama respectivo muestra el enfrentamiento del hombre de Tepexpan con algunos mamuts en su lucha por la supervivencia. Comparando la escala real representada en el mural con la pequeña figura del diorama, deja de ser un curioso e interesante juguete y adquiere valor didáctico. Al observar la gran calidad realista del diorama, hay que recordar que fue realizado hace 40 años (la escultora Carmen Antúnez dirigió el modelado de las figuras). La realización de éste y los demás dioramas se llevó a cabo ahí mismo, durante el desarrollo de la obra. El fondo del ciclorama estuvo hecho en plástico, y fue una de las primeras realizaciones en este material dentro de nuestro país. Al personal encargado de su hechura lo enviamos a estudiar a los Estados Unidos y a Italia.
Los museógrafos debieron dedicarse a dar expresión visual al guion establecido por el asesor científico, así como respetar una serie de normas que propusimos y los elementos e instrumentos indicados para operar. A fin de evitar que se perdiera la coordinación y la congruencia, todo ello se discutía constantemente en las reuniones con el asesor y los arquitectos. El guion museográfico, establecido por los especialistas, determinaba las piezas que mejor ilustraban los conceptos y el orden en que debían ser exhibidas, pues eran ellos los que conocían con mayor profundidad el acervo del Museo, tanto el que se guardaba en bodegas como el que se hallaba dispuesto para su exhibición; pero también eran ellos quienes podían indicar pertinentemente las piezas que sería posible conseguir o incluso obtener de las exposiciones que se recomendaba llevar a cabo y que, en efecto, se realizaron. Era el guion dado por el asesor el que determinaba la solución museográfica dentro del espacio disponible.
Poblamiento de América (30,000 a.C.-2500 a.C.)
El recorrido de la sala inicia con una introducción sobre el poblamiento del continente Americano y la dispersión por este vasto territorio de los nuevos habitantes.
El recorrido de la sala inicia con una introducción sobre el poblamiento del continente Americano y la dispersión por este vasto territorio de los nuevos habitantes.
Muestra los primeros grupos de cazadores recolectores que habitaron el actual territorio mexicano. Durante este tiempo se desarrollaron técnicas lapidarias y se descubrió el ciclo reproductivo de algunas plantas y animales, esto permitió, en épocas posteriores, practicar la agricultura intensiva, base de las diversas culturas prehispánicas.
Se exhibe la etapa lítica, con una serie de objetos como muestra del desarrollo tecnológico de los primeros pobladores del actual territorio mexicano, dividida en tres secciones: Arqueolítico, Cenolítico (inferior y superior), y Protoneolítico.
La sala concluye con la muestra de las primeras aldeas semisedentarias.
Preclásico en el Altiplano Central (2500 a.C.-100 d.C.)
El periodo entre 2300 a.C. a 100 d.C. es conocido como Preclásico o Formativo.
El periodo entre 2300 a.C. a 100 d.C. es conocido como Preclásico o Formativo. Sus elementos, que son comunes para toda Mesoamérica, se caracterizan por la existencia de grupos sedentarios agrupados en aldeas donde la base económica fue la agricultura, complementada con la caza, pesca y recolección, así como por el inicio de la producción de cerámica, que fue la actividad artesanal más importante.
La seguridad económica basada en una economía mixta trajo consigo el aumento de la población y de algunas aldeas se desarrollaron hasta convertirse en centros ceremoniales. Hubo un desarrollo tecnológico que se aprecia en la producción de artefactos y surge también la escultura portátil y monumental, así como la arquitectura, que se inicia con la construcción de viviendas hechas con materiales perecederos, hasta la edificación de plataformas que sostienen templos.
En el aspecto social se van marcando diferencias tanto en el tipo de actividad como en jerarquía. Los cultos comunitarios se transforman hasta lograr el desarrollo de la religión institucionalizada, las primeras evidencias de dioses y el surgimiento del sacerdote que dirigía el culto.
El intercambio de mercancías y de conocimientos que se aprecia tanto dentro del Altiplano, como a la larga distancia, estimuló y unificó creencias. Pero el evento más importante entre 1200 a 600 a.C fue el desarrollo de la cultura Olmeca del Sur de Veracruz y el norte de Tabasco, cuyas manifestaciones se aprecian en gran parte de Mesoamérica, especialmente en el Altiplano Central.
Es así que el Preclásico es el tiempo que marca la cristalización de un largo proceso de adelantos tecnológicos, económicos y sociales que dieron paso a las grandes culturas mesoamericanas.
El recorrido de la sala del Preclásico comprende, además de las introducciones, dos grandes grupos, el primero y más antiguo corresponde a la etapa aldeana que abarcó aproximadamente de 2300 a 600 años a.C., y el segundo que se desarrolló entre 600 a.C. y 100 d.C., y que fue la etapa de los centros ceremoniales.
Teotihuacana (100 d.C.-750 d.C.)
La cultura teotihuacana fue una de las primeras sociedades que desarrolló un estado en América y el mundo. Su elite gobernante construyó un imperio que dominó gran parte del Altiplano central mexicano y extendió su influencia cultural a través de colonias y enclaves comerciales en la costa
La cultura teotihuacana fue una de las primeras sociedades que desarrolló un estado en América y el mundo. Su elite gobernante construyó un imperio que dominó gran parte del Altiplano central mexicano y extendió su influencia cultural a través de colonias y enclaves comerciales en la costa del golfo de México, Oaxaca y el área maya. Con la riqueza generada por su actividad de intercambio y debido a su importancia religiosa, construyeron una de las primeras ciudades que contaba con calles, calzadas, áreas de culto, unidades habitacionales para su élite y para el pueblo en general, divididas por barrios de artesanos y de diversas etnias: gente de la costa del Golfo, Oaxaca y del área maya. Concentraron y controlaron el trabajo artesanal y lo aprovecharon para producir diversas mercaderías que intercambiaron con diversas culturas de Mesoamérica, lo cual les dio gran riqueza. Paralelamente, Teotihuacán se convirtió en el centro de culto más importante del Altiplano Central y casi de toda Mesoamérica. No queda claro qué tuvo más relevancia en un principio, si el impulso religioso o el económico. De una forma muy similar a ciudades anteriores que vieron grandes desarrollos económicos como centros sagrados de culto como Cucuilco, Monte Albán, Izapa y La Venta.
Los toltecas y el Epiclásico (700 d.C.-1200 d.C.)
En la Sala Tolteca se puso especial énfasis en el Atlante de Tula, pieza fundamental, cuyo contorno resalta sobre el fondo del jardín.
En la Sala Tolteca se puso especial énfasis en el Atlante de Tula, pieza fundamental, cuyo contorno resalta sobre el fondo del jardín. Los murales de Zalce y Covarrubias muestran los procedimientos constructivos de la época, y fue el propio asesor quien señaló que era necesario darlos a conocer e hizo la selección de las piezas más importantes de que disponía el viejo Museo de Antropología, sin pretender traer más de Tula, para no privar a esa zona arqueológica de su riqueza.
Mexica (1200 d.C.-1521 d.C.)
Durante el Posclásico Tardío (1300-1521 d.C.), periodo caracterizado del militarismo en todos los aspectos de la vida, se hicieron presentes los mexicas, conocidos también en los textos como aztecas o tenochcas.
Durante el Posclásico Tardío (1300-1521 d.C.), periodo caracterizado del militarismo en todos los aspectos de la vida, se hicieron presentes los mexicas, conocidos también en los textos como aztecas o tenochcas. Este pueblo, que fundó a su ciudad capital, México-Tenochtitlán, en el año 2 Casa (1325 d.C.), se confrontó inmediatamente con sus vecinos, logró alianzas y venció a sus enemigos. Para mediados del siglo XV se puede hablar del mundo mexica, por el predominio de este grupo en gran parte de Mesoamérica, en donde impusieron sus ideales religiosos, militares y políticos.
Felipe Solís Olguín
Culturas de Oaxaca (1500 a.C-1521 d.C.)
Los zapotecas se llamaban a sí mismos; benizáa o ben’zaa, que, en su idioma significa “gente de las nubes”, debido a su vida regida por las altas montañas cubiertas por la benéficas nubes que su protector, el dios Cocijo, señor del rayo y la lluvia, tenía para dar a sus hijos predilectos la benéf
Los zapotecas se llamaban a sí mismos; benizáa o ben’zaa, que, en su idioma significa “gente de las nubes”, debido a su vida regida por las altas montañas cubiertas por la benéficas nubes que su protector, el dios Cocijo, señor del rayo y la lluvia, tenía para dar a sus hijos predilectos la benéfica lluvia que vuelve a la tierra verde como el sagrado jade. El nombre de zapotecas, con el cual ahora los conocemos, deriva de la palabra náhuatl Tzapotecatl que significa “pueblo del zapote”, árbol de gran abundancia en la región. Es muy probable que los benizáa nunca utilizaran este nombre para referirse a sí mismos.
En el antiguo territorio oaxaqueño, conviviendo con este grupo, vivían, y aún lo hacen, 15 etnias diferentes: mixtecas, mixes, chatinos, chontales, zoques, mazatecas, triques, chocos, cuicatecas, chinantecas, huaves, amuzgos, popolocas, ixcatecos y desde mediados del siglo XV, los nahuas. Cada uno de los grupos indígenas, hablaban su propio idioma y habitaban distintos territorios.
Los zapotecas vivieron en los Valles Centrales, las sierras norte y sur y el istmo de Tehuantepec. Los arqueólogos piensan que por lo menos desde 1000 a.C. los dirigentes de un centro comercial llamado San José Mogote, controlaban la cultura, la política y la economía. Para el año 500 a.C., cuando fundan la ciudad de Monte Albán, indudablemente son los dominantes numerosas poblaciones que habitan en la región, rápidamente su influencia se deja sentir aun en regiones distantes dentro de Oaxaca y aun en ciudades tan lejanas e importantes como Teotihuacán. Su fuerza política y económica dura hasta el año 850 a.C. cuando la pérdida de su poder cede ante otras comunidades del territorio.
Culturas de la Costa del Golfo (2000 a.C.-1521 d.C.)
La presencia del mar, así como los ríos, lagunas, manglares y frecuentes lluvias, definía a esta como región como lugar que simbolizaba el origen y renovación de la vida.
La presencia del mar, así como los ríos, lagunas, manglares y frecuentes lluvias, definía a esta como región como lugar que simbolizaba el origen y renovación de la vida. Estuvo habitada por grupos huaxtecos, otomíes, nahuas, totonacos, tepehuas, popolocas, zoque-mixes, mixtecos, quienes a pesar de hablar leguas distintas compartían una misma base cultural y tuvieron un mismo desarrollo sociopolítico y religioso; la diferencias aparecían en las distintas expresiones regionales de arquitectura, escultura, pintura y cerámica. La Costa del Golfo irradió innovaciones culturales que transformaron la vida Mesoamericana, ahí se creó la primera civilización, la olmeca, que creó ideas religiosas de gran complejidad asociadas a ceremonias y ritos como el juego de pelota y la decapitación.
María Castro-Leal. Investigadora
Maya (1000 a.C.-1521 d.C.)
Que el segundo hijo de Bacub-Caquix
sea también vencido. Esta es nuestra voluntad.
Porque no está bien lo que hace sobre la tierra,
exaltando su gloria, su grandeza y su poder, y no debe ser así…
Popol Vuh
Que el segundo hijo de Bacub-Caquix
sea también vencido. Esta es nuestra voluntad.
Porque no está bien lo que hace sobre la tierra,
exaltando su gloria, su grandeza y su poder, y no debe ser así…
Popol Vuh
Cuando los primeros dioses crearon al mundo lo poblaron con los hombres de oro. Estos olvidaron pronto a sus padres, dejándose llevar por la soberbia de sus brillantes pieles. Por eso los dioses mandaron el agua y el trueno, para exterminarlos.
Entonces los dioses crearon a los hombres de madera y estos, como sus antecesores, olvidaron a sus padres y voltearon sus miradas lejos. Por eso los dioses mandaron otra vez el agua y el trueno, transformándolos en simios; apenas semejantes a los hombres, pero sin inteligencia.
Buscaron entonces los dioses con qué crear al hombre, pues era necesario que existiera; para poblar la tierra, para cuidarla, para hacerla crecer. Tomaron los dioses el maíz que nacía de la tierra, lo molieron, le dieron forma y nacieron así a los hombres y mujeres verdaderos, los mayas.
Culturas de Occidente (1500 a.C.-1521 d.C.)
La región del Occidente abarca los estados de Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán, parte de Guanajuato y Guerrero. El periodo Formativo (1800 a.C.
La región del Occidente abarca los estados de Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán, parte de Guanajuato y Guerrero. El periodo Formativo (1800 a.C. y 200 d.C.) comprendió las culturas de Cachapa en Colima, El Opeño en Michoacán, Chipícuaro en Guanajuato, parte de la cultura olmeca y San Jerónimo en Guerrero. Entre 200 y 900 d.C. existió un apogeo de la cultura de las tumbas de tiro, localizada en los actuales estados de Jalisco, Colima y Nayarit. Esta tradición termina en el 600 d.C., justo cuando inician los desarrollos locales. En el período que abarca desde 900 a 1521, sobresale la cultura aztlán presente en los actuales estados de Sinaloa y Nayarit, y la de los tarascos, en Michoacán, que formaron un señorío dominante que se impuso en gran parte de Occidente y nunca fue sometido por los mexicas.
Dolores Flores Villatoro. Investigadora.
Culturas del Norte (200 a.C.-1600 d.C.)
La Sala de las Culturas del Norte de México está dividida por niveles de organización sociocultural más que cronológicamente. Inicia con las culturas de cazadores recolectores que habitaron el norte de México del Siglo X al XVII y termina con los agricultores intensivos de las culturas del
La Sala de las Culturas del Norte de México está dividida por niveles de organización sociocultural más que cronológicamente. Inicia con las culturas de cazadores recolectores que habitaron el norte de México del Siglo X al XVII y termina con los agricultores intensivos de las culturas del Norte de México y Suroeste de los Estados Unidos. Presenta brevemente un mosaico cultural Precolombino y su desarrollo en el extenso territorio comprendido desde la porción septentrional de los ríos Pánuco, Lerma-Santiago y Fuerte, hasta llegar a la frontera de lo que hoy son los Estados Unidos de América.
La región cultural del Norte de México abarca los actuales estados de Guanajuato, Querétaro, Aguascalientes, Zacatecas, Durango, San Luis Potosí, Chihuahua, Sonora, Coahuila, Nuevo León, la porción norte de Tamaulipas, la península de Baja California y el Norte de Sinaloa, así como las zonas fronterizas de los estados de Texas, Arizona, Colorado y Nuevo México.
Durante el siglo XVI esta gran extensión geográfica fue llamada por los mexicas la chichimecatlalli o tierra de los chichimecas, región de la cual se dice que estos pueblos eran originarios.
Con la conquista europea en el siglo XVI, por la misma razón, los españoles nombraron al territorio la Gran Chichimeca; en este territorio convivieron los llamados teochichimecas o pueblos bárbaros, diversas culturas de agricultores sedentarios; los toltecas-chichimecas, así como otros grupos de cultivadores cuya frontera norte se ubica hacia los 38 grados de latitud norte.
El Norte de México conformó un área cultural con sus propias características que lo identificaron de manera diferente a la que formaron las culturas Mesoamericanas.
Los Textiles de México
La sala Textiles incluye 512 piezas distribuidas en ocho ejes temáticos que ilustran y explican las técnicas de la vestimenta y tratamiento de materias primas para su elaboración.
La sala Textiles incluye 512 piezas distribuidas en ocho ejes temáticos que ilustran y explican las técnicas de la vestimenta y tratamiento de materias primas para su elaboración. Representan el uso cotidiano, ceremonial, tradicional y contemporáneo de 58 pueblos originarios y comunidades afromexicanas del norte, centro y sur del territorio nacional.
Exhibe instrumentos y mecanismos para elaborar prendas de diferentes zonas geográficas y condiciones climáticas.
Auditorio Jaime Torres Bodet
Considerado uno de los recintos culturales más importantes de México y del mundo, el Museo Nacional de Antropología cuenta con los auditorios “Jaime Torres Bodet” y “Fray Bernardino de Sahagún”, espacios en los que se llevan cabo más de 300 actividades académicas anuales de carácter nacional e in
Considerado uno de los recintos culturales más importantes de México y del mundo, el Museo Nacional de Antropología cuenta con los auditorios “Jaime Torres Bodet” y “Fray Bernardino de Sahagún”, espacios en los que se llevan cabo más de 300 actividades académicas anuales de carácter nacional e internacional. Espacios que anualmente son visitados en promedio por más de dos millones de personas.
El Auditorio “Jaime Torres Bodet”, el más grande del museo con 360 butacas, cabinas de audio y video, una pantalla nueva.
Biblioteca Nacional de Antropología e Historia Dr. Eusebio Dávalos Hurtado
Es una institución que incrementa día a día las colecciones que mantiene bajo resguardo en sus instalaciones.
Es una institución que incrementa día a día las colecciones que mantiene bajo resguardo en sus instalaciones. Dicha labor requiere de un continuo e intenso proceso de automatización que se lleva a cabo con la finalidad de ofrecer servicios de consulta e intercambio de información a la comunidad académica del Instituto Nacional de Antropología e Historia y al público en general, generando con ello un promedio anual de 25,000 usuarios.
Es también importante resaltar que uno de los orgullos de la biblioteca ha sido sin duda el que su acervo de códices fue registrado en 1997 dentro del programa Memoria del Mundo de la UNESCO.
Por otro lado, teniendo como objetivo proporcionar apoyo al trabajo cotidiano de las áreas de investigación, conservación, difusión y docencia, la BNAH atiende y coordina la Red Nacional de Bibliotecas, integrada actualmente por 67 centros de información distribuidos en todo el país.
El paraguas
Este emblemático elemento arquitectónico, además de resguardar a los visitantes, fue diseñado para enfatizar el respeto por el entorno natural mediante su caída libre de agua.
Este emblemático elemento arquitectónico, además de resguardar a los visitantes, fue diseñado para enfatizar el respeto por el entorno natural mediante su caída libre de agua. Su monumental estructura superior, que cubre una superficie de 82.06 por 54.42 m, es soportada por cables conectados a los edificios aledaños, y se sitúa entre las "cubiertas colgantes" más grandes del mundo al cubrir un área total de 4,467.5 m2.
Su columna fue revestida en bronce con un relieve escultórico hecho por los hermanos Chávez Morado, cuyo diseño se basó, a su vez, en el concepto y guion de Jaime Torres Bodet. La composición escultórica se titula Imagen de México, y lleva como eje los cuatro puntos cardinales, cada uno interpretado por el pensador del siguiente modo:
Vista al este. Integración de México. Por la costa oriental de México, llegaron las naves españolas de la Conquista. En la base se presenta el pasado prehispánico de México, por medio del águila y del jaguar, que son símbolos del día y la noche. Entre ellos, aparecen la espada de la Conquista y el Sol naciente. En el fuste, la espada penetra en las raíces de una ceiba, símbolo maya de la fundación de los pueblos, que se abre en su sección superior con dos rostros, un ídolo y un español, las cuales constituyen la base principal de nuestro mestizaje. Sobre este símbolo y correspondiendo al capitel, se apoya el águila, emblema nacional del México de hoy.
Vista al oeste. Proyección de México. Esta proyección hacia el mundo se inicia desde nuestras costas occidentales, con la expedición a las Islas Filipinas. Sobre los símbolos prehispánicos de la base, y partiendo de la acostumbrada representación de la firmeza y la amplitud de esa proyección. Sobre la misma ceiba, que se abre con un símbolo de la fisión nuclear, se apoya como capitel, un hombre con los brazos extendidos y la entrañas descubiertas, enmarcado por dos armas de olivo y una paloma para significar que se entrega totalmente a la paz.
Vista al norte y al sur. Lucha del pueblo mexicano por su libertad. En los lados norte y sur se observan tres armas que hieren el cuerpo de la columna –México– y que corresponden a nuestras tres etapas formativas: Independencia, Reforma y Revolución Agraria. El capitel está coronado por formas prehispánicas, que simbolizan el cielo. La composición basada en los cuatro puntos cardinales se liga con las viguetas de acero que en forma radial sostienen la cubierta monumental y contribuyen a dar la impresión final de universalidad de la cultura mexicana.
Debajo del patio y de las estructuras mencionadas subyace otro mundo más: 15 mil m2 acondicionados para el área de servicios educativos, talleres, oficinas, laboratorios, espacios de investigación, almanaques y anexos que día con día, durante décadas, han puesto en marcha la vida del recinto.
Patio Central
Apostando por un juego entre extensas áreas abiertas al interior y exterior, que otorgaran al visitante un movimiento libre y fluido, se retomó el concepto arquitectónico maya del patio delimitado por edificios, como el Cuadrángulo de las Monjas, en Uxmal.
Apostando por un juego entre extensas áreas abiertas al interior y exterior, que otorgaran al visitante un movimiento libre y fluido, se retomó el concepto arquitectónico maya del patio delimitado por edificios, como el Cuadrángulo de las Monjas, en Uxmal.
Las salas fueron distribuidas alrededor del núcleo central, de tal modo que es posible recorrerlas siguiendo un circuito continuo o de manera aislada, según el propio tiempo e interés. De la misma forma que en el conjunto maya, las estructuras alrededor del patio llevan un piso bajo plano y libre, mientras que el piso superior fue decorado con una celosía en forma de serpiente geometrizada, concebida por el escultor Manuel Felguérez en alusión al simbolismo de dicho animal entre los pueblos prehispánicos.
El patio se dividió en dos zonas contrastantes entre sí de acuerdo a la luz que reciben: la primera es El Paraguas; la segunda está dominada por un estanque ligando a la Sala Mexica que permite rememorar el origen lacustre de esta cultura. Además, se colocó un caracol de broche esculpido por Iker Larrauri llamado "El Sol del Viento", cuya función es emitir sonidos emulando a la musicalidad de los instrumentos prehispánicos.
Plaza de acceso y fachada
Se trata de una enorme explanada de acceso libre y armonizada con el ambiente natural, que advierte al público sobre la magnitud de lo que observará en su visita.
Se trata de una enorme explanada de acceso libre y armonizada con el ambiente natural, que advierte al público sobre la magnitud de lo que observará en su visita. La gente es invitada a entrar gracias a los ventanales de cristal del acceso, y la grandilocuencia del recinto se enfatiza con el relieve de la insignia nacional, el águila y la serpiente, esculpido por el artista guanajuatense, José Chávez Morado sobre el mármol blanco de la fachada.
Vestíbulo
Espacio diseñado para orientar y distribuir a los visitantes. Al centro se ubica un promontorio que representa a la pirámide de Cuicuilco, pensado originalmente para exhibir la "Pieza del mes".
Espacio diseñado para orientar y distribuir a los visitantes. Al centro se ubica un promontorio que representa a la pirámide de Cuicuilco, pensado originalmente para exhibir la "Pieza del mes". Actualmente este espacio se utiliza para exposiciones periódicas de objetos del museo o de instituciones foráneas.
En el ala izquierda de la planta alta se dio espacio a la Biblioteca, mientras que el ala derecha se reservó como área académica. Fue la sede de la Antigua Escuela Nacional de Antropología e Historia, que al crecer se trasladó al sur de la ciudad.
- DirecciónAntonio Saborit García Peñaantonio_saborit@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412337Subdirección TécnicaMiguel Zinden Montalvomiguel_zinden@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412336AdministraciónJuan Martínez Martínezjuan_martinez@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412380Subdirección de ArqueologíaMartha Margarita Carmona Macíasmartha_carmona@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412393Subdirección de EtnografíaArturo Gómez Martínezarturo_gomez@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412408MuseografíaRafael Balverde Preciadorafael_balverde@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412424Protección y Resguardo de Bienes CulturalesArmando Édgar Arbide Maldonadoaramando_arbide@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412350Promoción CulturalJorge Arturo Ruvalcaba Salazarjorge_ruvalcaba@inah.gob.mx+52 (55) 4040 53 00 Ext. 41230Recursos HumanosJuan Carlos Morales Osoriocarlos_morales@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412326Departamento de Control PresupuestalGabriel Victorio Contla Maldonadogabriel_contla@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412316InformáticaSergio Ángel Torres Rosalessergio_torres@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412302Departamento de Movimiento de Colecciones ArqueológicasJonathan Enoch Jiménez Delgadojonathan_jimenez@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412305Actualización y Conservación de Elementos MuseográficosHumberto Valentín Gonzálezhumberto_valentin@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412326Servicios GeneralesÓscar Ibarra Vegaoscar_ibarra@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412426Servicios Educativosservs-edu.mna@inah.gob.mx+52 (55) 4040 5300 Ext. 412326










