Muchos de los edificios de esta localidad están construidos con ladrillos de adobe rescatados de un presidio construido en 1789 para proteger a los residentes del área y a las caravanas de los asaltantes apaches.
San Elizario se encuentra en la orilla sur del Río Grande, en el terreno de una hacienda del siglo XVIII que se econtraba abandonada. Ahí se reubicó el fuerte militar español San Elzeario que se situaba a casi 64.37 km de distancia en Guajoquilla, al cual debe su nombre.
Los muros de la guarnición medían doce pies de altura, contaba con capilla, cuartos de oficiales, cuarteles de soldados y más. Esta construcción cambió las prácticas de edificación locales.
A inicios del siglo XIX, ya se habían instalado también agricultores, comerciantes, diversos colonos, así como apaches que participaron de un programa de asentamientos militares que ofrecía seguridad, alimentos y provisiones.
Tras la victoria de la Independencia, la población militar empezó a disminuir, pero aumentó la comunidad civil. Fue hasta finales del siglo XVIII que San Elzeario comenzó a despuntar como un punto de comercio.
Después de dos devastadoras inundaciones, la población empezó a construir en terrenos más altos para evitar que los edificios y casas se destrozaran.
Una vez que se firmó el Tratado de Guadalupe, San Elzeario cambió de nombre a San Elizario y la americación generó un estallido de actividad comercial, llegando a ser la ciudad más grande del valle bajo de El Paso y la sede del condado.
El que alguna vez fue un importante conector comercial en El Camino Real, ahora conecta la realidad contemporánea del bajo Valle de El Paso como un corazón agrícola, un presidio militar y un corredor de transporte para ambos lados de la frontera. Mientras que el pueblo puede sentirse adormilado por algunos visitantes, su arquitectura de adobe proporciona una razón estimulante para que los visitantes vayan más relajados, exploren y experimenten una lección única en la historia del suroeste y de los EE. UU.
