Visitas fuera de horario normal de operación $730.00
Visits outside of normal operating hours $730.00
Otras cuotas
Entrada incluida en el costo de acceso a la Zona Arqueológica: $80.00 Visitantes nacionales; $145.00 Visitantes extranjeros
Dirección
Se localiza a siete kilómetros al suroeste el centro histórico de la ciudad de Querétaro, antes de llegar a la cabecera municipal de Corregidora.
Acceso
Desde la ciudad de Querétaro, tomar el Boulevar Constituyentes (antes carretera libre a Celaya), doblar a la derecha en el puente Tejada, continuar por la calle del Gran Cúe o Don Bosco, hasta la calle Hidalgo, donde se encuentra la puerta principal.
En transporte público: Rutas C22, C23 llegan a Salvador Sánchez esquina con Hidalgo. Ruta C47 llega a Camino al Cerrito esquina Hidalgo. Ruta L101 llega a Don Bosco esquina con Hidalgo.
El museo presenta la historia del sitio arqueológico tomando como eje central la cosmogonía tolteca. La zona arqueológica de El Cerrito es el centro ceremonial más norteño de Mesoamérica y en su museo de sitio se exhiben piezas recuperadas durante los trabajos de exploración en el lugar. Es el museo de la más importante zona arqueológica del estado de Querétaro con una extensión de 350 metros cuadrados.
El museo presenta la historia del sitio arqueológico tomando como eje central la cosmogonía tolteca. La zona arqueológica de El Cerrito es el centro ceremonial más norteño de Mesoamérica y en su museo de sitio se exhiben piezas recuperadas durante los trabajos de exploración en el lugar. Es el museo de la más importante zona arqueológica del estado de Querétaro con una extensión de 350 metros cuadrados.
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El guion curatorial refiere al centro ceremonial de El Cerrito en donde están perfectamente delimitadas plazas, altares y una pirámide, construida en 13 niveles con cuerpos de talud, de aproximadamente 1.80 a 2.00 metros cada uno, para alcanzar los 30 metros. El museo incrementa la posibilidad de entender, disfrutar, interpretar y asumir la fuerza histórica y espiritual que tiene este sitio. La historia del sitio arqueológico se narra a través de cuatro secciones museográficas en las que se exhiben alrededor de 170 piezas, la mayoría de ellas recuperadas durante los trabajos de exploración en el lugar, como resultado del proyecto de investigación arqueológica. A dichos acervos se sumaron dos colecciones particulares que fueron entregadas al INAH para su custodia y objetos que pertenecen al Museo Regional de Querétaro.
Entre las piezas destaca una estela con la imagen de la diosa Itzpapálotl (mariposa alas de obsidiana), deidad que veneraron los toltecas en El Cerrito. La pieza es relevante porque la diosa aparece en varios códices, pero sólo se han encontrado tres piezas arqueológicas con su imagen: una en el sitio de Tula, Hidalgo; otra en Tenango del Aire, Estado de México, y la de El Cerrito. Durante años de exploraciones se han descubierto diversas evidencias de la diosa Itzpapálotl en El Cerrito, lo que hace claro que la deidad central del sitio fue ella.
El discurso museográfico parte de la concepción tolteca del origen mítico que los define como un pueblo civilizado, que sabe de dónde viene y por qué los acompaña su diosa Itzpapálotl. Para recrear el mito, la museografía rescata una imagen del Mapa de Cuauhtinchan II. El segundo aspecto museográfico se centra en la arquitectura desde el punto de vista de la construcción del espacio sagrado: detalla cómo se construye un centro ceremonial, los materiales arquitectónicos, pigmentos y algo esencial para los toltecas: la escultura. En esta parte se muestra una maqueta que reconstruye hipotéticamente cómo pudo haber sido el sitio prehispánico en su momento de esplendor. El tercer segmento museográfico aborda la consagración del espacio, se refiere a la tradición tolteca de ofrendar a todas sus construcciones. Cada vez que comenzaban la edificación de algún elemento arquitectónico le colocaban oblaciones: sahumadores, figurillas y conchas. En El Cerrito se hallaron dos ofrendas de este tipo, una de ellas se colocó a la vista del público en el nuevo museo. El cuarto bloque del museo se refiere a las ofrendas cotidianas: una vez que el sitio estuvo en funciones como centro ceremonial debió utilizarse para llevar a cabo ceremonias colectivas e individuales en las que los participantes, procedentes de diversas regiones de Mesoamérica, llegaban con ofrendas para depositarlas en el sitio. En algún momento El Cerrito se convirtió en un gran santuario por donde peregrinaba gente de todo Mesoamérica, como lo evidencian diversos materiales como malacates decorados con chapopote que vienen de la Huasteca, conchas del Pacífico, una figurilla de los Altos de Jalisco, una vasija de la frontera de México con Guatemala, hachas de piedra, ollas, cuentas de concha y de piedra.
Para el museo se hizo una serie de planos que hablan de las rutas sagradas y de intercambio por donde circularon ideas en toda la región. Esa tradición de peregrinaje permaneció aún después de la llegada de los franciscanos, cuando los pueblos otomíes continuaban colocando ofrendas “paganas”, llevaron entonces a la Virgen del Pueblito, una de las principales imágenes marianas del periodo novohispano, a la que después le construyeron su santuario en la población cercana de San Francisco Galileo.
El Cerrito fue construido sobre un afloramiento de roca en la zona sur del valle de Querétaro. Rodeado por tierras fértiles, un río y una ciénaga, cumple con los requisitos del paisaje cultural de la Tollan original, lugar de origen de los pueblos tolteca chichimecas.
El Cerrito fue construido sobre un afloramiento de roca en la zona sur del valle de Querétaro. Rodeado por tierras fértiles, un río y una ciénaga, cumple con los requisitos del paisaje cultural de la Tollan original, lugar de origen de los pueblos tolteca chichimecas. En ese lugar primigenio los hombres tenían todos los abastecimientos para su existencia y convivían con sus dioses principales. Cuando ellos decidían que pueblos debían venir a la tierra a poblarla, les asignaban un dios patrono y una lengua en particular. Esta idea fue pintada en el códice Cuauhtinchan 2, en donde se observa a Chicomoztoc, el cerro de las siete cuevas, de donde nacen los siete pueblos tolteca chichimecas que nacen para poblar la tierra y son guiados por su diosa patrona Itzpapálotl. En la sala podrás disfruta de la única estela en piedra de Mesoamérica con la representación de la diosa Itzpapálotl, la cual fue encontrada en El Cerrito. De igual forma, se puede observar una línea del tiempo con los principales sitios toltecas de Mesoamérica: Tula Chichén Itzá, Tututepec y El Cerrito.
Sala 2. Construcción del Espacio Sagrado
Hacia el año 900 d.C. los toltecas fundaron una Tollan terrenal en el norte de Mesoamérica. La arquitectura ahí construida, es el estado más avanzado en dimensiones, forma, ornamentación y tipos de edificios de su época.
Hacia el año 900 d.C. los toltecas fundaron una Tollan terrenal en el norte de Mesoamérica. La arquitectura ahí construida, es el estado más avanzado en dimensiones, forma, ornamentación y tipos de edificios de su época. Entre estos destacan patios hundidos, muros de talud y tablero ornamentados con esculturas, altares con ofrendas de cráneos y salas con columnas. Entre estas edificaciones sobresale una pirámide monumental formada por trece cuerpos, única en Mesoamérica. La pirámide representa uno de los tres segmentos que forman el cosmos de acuerdo a los toltecas. Para su construcción se elegía un lugar donde existiera un manantial o una cueva, los cuales se convertían en el punto por donde pasaba el eje cósmico, el cual unía el piso cósmico del cielo, con el piso terrenal y el inframundo o lugar de los muertos. En la sala 2 el visitante puede disfrutar de gráficos diseñados para ejemplificar la idea anterior. Así como una muestra de escultura con glifos calendáricos y un clavo arquitectónico con cabeza de serpiente. La sala termina con una maqueta en donde se reconstruye la forma original del centro ceremonial teniendo como referente la pirámide, misma que se puede observar a través del único ventanal del museo.
Sala 3. Sacralización del Espacio
En un centro ceremonial las ofrendas son abundantes. Algunas de ellas son constructivas, esto es, diversos objetos elegidos como un don a los dioses o fuerzas de la naturaleza fueron depositados en el interior de los altares durante su construcción.
En un centro ceremonial las ofrendas son abundantes. Algunas de ellas son constructivas, esto es, diversos objetos elegidos como un don a los dioses o fuerzas de la naturaleza fueron depositados en el interior de los altares durante su construcción. El tipo de ofrenda y la dedicación del templo son singulares en todos los casos. En el interior de un pequeño altar fue descubierta por arqueólogos una ofrenda dedicad a la diosa Itzpapálotl, formada por sahumadores de mano, en cuyo interior fueron quemadas puntas de sílex blanco, cuentas con forma de cráneos, cuentas de concha y tubillos de obsidiana. Todos estos objetos comparten el espacio con esculturas de gran formato, como son los coronamientos. Estas esculturas, talladas en rocas blandas, decoraban la parte superior de las fachadas de las salas con columnas. Los de tipo dardos cruzados, a la sala ubicada al pie de la pirámide, dedicada a una deidad omnipresente como Quetzalcóatl. La de tipo dardo solar, ornamentaba la fachada de la sala ubicada al sur de la plaza de las esculturas, dedicada a una deidad solar.
Sala 4. Las Ofrendas Cotidianas
Las plazas y altares tuvieron un uso cotidiano en donde se sacralizaban los espacios y depositaban ofrendas, muchas de estas quemadas dentro de grandes braseros.
Las plazas y altares tuvieron un uso cotidiano en donde se sacralizaban los espacios y depositaban ofrendas, muchas de estas quemadas dentro de grandes braseros. La pieza central de esta sala corresponde a un brasero con forma de reloj de arena, en cuyo interior fueron quemados diversos objetos como punzones de hueso, puntas de proyectil, malacates de barro, así como objetos de uso personal como dijes de concha y un anillo del mismo material. Otros objetos, que no fueron quemados, proceden de lugares distantes a El Cerrito, tales como conchas de abulón y de spondylus, malacates de barro decorados con chapopote, vasijas con acabado plomizo, figurillas de barro y hasta un cascabel de cobre. La diversidad de procedencias supone un intenso intercambio de mercancías de sur a norte y de oriente a poniente, abasteciendo a todos los sitios toltecas. El visitante puede observar en los planos elaborados para tal fin, la distribución de mercancías, pero también la circulación de símbolos y representaciones toltecas como las de Chac Mool e Itzpapálotl en Mesoamérica.
El jardín central de museo fue diseñado para ofrecer una interpretación del plano terrenal tal como lo concebían los Toltecas. De acuerdo con el códice La Historia Tolteca Chichimeca, el piso terrenal, el cual se dividía en cuatro rumbos, estaba sostenido por igual número de árboles cósmicos. El rumbo oriente, identificado con el color rojo era sostenido por un árbol de ceiba. El rumbo sur lo sostenía el maguey manso, el poniente la palma Izote y el rumbo norte era soportado por el árbol cósmico del mezquite. Estos árboles forman parte del entorno natural actual, y en su momento representaban elementos terrenales del espacio sagrado.