
Teotihuacán
Gran urbe mesoamericana, emporio político, económico, comercial, religioso y cultural, cuya influencia llegó a lugares tan lejanos como Tikal. Por sus valores excepcionales, como los complejos de edificios monumentales, la pintura mural y los conjuntos habitacionales, la ciudad de Teotihuacán está inscrita en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1987.
Es la ciudad más grande del México antiguo. Tuvo una población aproximada de 100,000 habitantes durante su apogeo (350-450 d.C.) y nos legó monumentos tan extraordinarios como las enormes pirámides, así como la admirable traza urbana (fue la primera ciudad de trazo geométrico en aquel mundo) y extraordinarias pinturas murales. Está inscrita en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1987.
Capital de uno de los primeros estados, mantuvo relaciones comerciales y políticas que llegaban a confines lejanos: el norte árido de Mesoamérica (hoy Zacatecas), la península de Yucatán y las tierras altas mayas del Petén (Campeche y Guatemala). Tuvo una sociedad compleja y jerarquizada, donde la clase sacerdotal ocupaba la cúspide, seguida de una nobleza guerrera. Abajo se mantenían disciplinados los artistas y artesanos (algunos en los barrios de extranjeros, por ejemplo el de los zapotecas del actual estado de Oaxaca), los constructores, los mineros y la gran multitud de agricultores.
Su comunidad se inició tres siglos antes de nuestra era con aldeanos del sur de los cinco lagos de la cuenca de México. Una característica de su arquitectura era la combinación del talud (la pared ligeramente inclinada por arriba hacia atrás) y el tablero (la pared vertical, con frecuencia ornada con diseños pintados). Para el siglo III d.C. habían construido la gran Pirámide del Sol, la hermosa Pirámide de la Luna y la Calzada de los Muertos: su organización daba ya para eso y mucho más.
La ciudad se extendía sobre 20 km2.Sus rutas comerciales pronto alcanzaron los valles que rodean Monte Albán, Cholula y Matacapan (en el actual Veracruz), lo mismo que Kaminaljuyú y Tikal (ambos en la actual Guatemala), donde la influencia teotihuacana se hizo sentir en distintos ámbitos, entre otros la producción de cerámica y la arquitectura. De multitud de mercados, incluso muy lejanos, llegaban a la ciudad algodón, plumas preciosas, finas mantas, joyas de concha y caracol, chalchihuites (jade) y numerosas frutas y legumbres. Era el apogeo, corrían los siglos IV y V d.C.Sin embargo, al mediar el siglo VI d.C., un proceso de violencia se desató en la urbe. Su parte central resultó muy perjudicada, al parecer por sectores de la propia población. La gran ciudad, disminuida en mucho, conservó un papel preeminente en la región, pero hubo de compartirlo con otras. La decadencia prosiguió. En el siglo XIII arribaron del norte grupos de lengua yuto-azteca que, al pasar por allí, la encontraron abandonada, rodeada sólo por caseríos dispersos. Sus majestuosas construcciones, semiarruinadas, los llevaron a llamarla con admiración, en su lengua, lugar de los dioses”, lugar del endiosamiento”: Teotihuacán. No se sabe cómo la nombraron sus habitantes.
Adoraron a Tláloc por la lluvia y la agricultura, a Huehuetéotl por el fuego, a Chalchiuhtlicue por el agua que corre, a Quetzalcóatl por la capacidad creadora y por la estrella de la mañana, a Quetzalpapálotl al parecer por la guerra y a Xipe Tótec por el maíz, todos ellos con apelativos que no han sobrevivido, diferentes de los nombres nahuas que prevalecieron. Creían en la pervivencia de los muertos y los sepultaban como para realizar un viaje, con ofrendas y atavíos. Pensaban que habían de durar siempre. Sin embargo ellos, su ciudad y su Estado estuvieron presentes del año 50 al 650 d.C.
En 1675, el sabio novohispano Carlos de Sigüenza y Góngora realizó una exploración en el edificio de base cuadrangular donde se tiende la escalinata de la Pirámide de la Luna. En la década de 1880 y en 1905, el antropólogo y arqueólogo pionero Leopoldo Batres, por instrucción del presidente Porfirio Díaz, realizó excavaciones y reconstrucciones cerca de la Pirámide de la Luna y en la Pirámide del Sol; además, fundó el primer museo de sitio. Tres nuevos proyectos de investigación, excavación y rescate (el mayor en la historia arqueológica nacional hasta entonces) se realizaron, a cargo ya del INAH, en 1962-64, y otros en 1980-82 y 1992-94. La tarea, interdisciplinaria, se mantiene.
La zona arqueológica visitable abarca 264 hectáreas, donde se encuentran los principales conjuntos de estructuras y monumentos: La Ciudadela y el Templo de la Serpiente Emplumada, el Palacio Quetzalpapálotl y tres áreas departamentales con notables pinturas murales (Tetitla, Atetelco y Tepantitla).
Dos museos de sitio complementan la visita y guían el aprendizaje y la curiosidad: el de la Cultura Teotihuacana y el Museo de Murales Teotihuacanos Beatriz de la Fuente, a los que se añade una sala de exposiciones temporales en el llamado Ex Museo”. Pueden también admirarse piezas arqueológicas en el Jardín Escultórico. Vale mucho la pena visitar igualmente el jardín botánico junto al Museo de Murales Teotihuacanos.
- Dirección de la Zona Arqueológica y Museo de SitioRogelio Rivero Chongrogelio_rivero@inah.gob.com+52 (594) 956 0276, ext. 19850
Templo de los Caracoles Emplumados
En este recinto se encuentra un basamento piramidal construido con muros en talud y tablero, en cuyas fachadas están representadas varias aves en procesión distribuidas en cuatro tableros policromados.
En este recinto se encuentra un basamento piramidal construido con muros en talud y tablero, en cuyas fachadas están representadas varias aves en procesión distribuidas en cuatro tableros policromados. Al frente, en un espacio poco explorado, puede observarse un edificio decorado con discos rojos. Sobre este basamento se muestra la fachada casi completa de un templo con representaciones en bajorrelieve de flores de cuatro pétalos y grandes caracoles emplumados, figuras que van pintadas directamente sobre la roca.
Tablero con ave: Son cuatro los elementos que conforman la figura principal de este mural, localizado en el Templo de los Caracoles Emplumados. El primero es propiamente el ave, el segundo es una banda dividida en tres secciones que continúa la extensión del pico y representa una corriente de agua, el tercero son gotas que descienden de una corriente, y el cuarto es una flor amarilla al final de la banda.
El ave es verde, delineada con negro. Está pintada sobre un fondo rojo-naranja y extendida en sentido horizontal; tiene el aspecto de una guacamaya o loro por su pico grande, fuerte y ganchudo que se entreabre dejando ver la lengua. Por arriba y por detrás de los ojos, plumas cortas y anchas delimitan el perímetro de la cabeza; en el cuerpo se distinguen dos secciones de plumas: las cortas son de las alas recogidas y están enmarcadas en lo bajo por una banda sinuosa, que termina en voluta y subraya la base del ala, mientras que las largas de la cola se extienden en sentido horizontal.
La banda o corriente de agua, que sale por detrás del ave, es amplia y se divide en tres secciones paralelas que se extienden de manera curva entre el pico del ave y la flor de tres pétalos. Las secciones alta y baja son de color verde oscuro, la de en medio muestra restos de color verde claro sumamente degradado. Al nivel de la curvatura de la banda se aprecian tres formas semiovales, posiblemente "ojos de agua". La flor vista de perfil tiene tres pétalos, semejante a una flor de lis; el pétalo central se dirige hacia arriba como punta de lanza con vértice redondeado, y los laterales se curvan a los lados. En la parte alta la bordea una estrecha banda verde y en la base una breve banda horizontal en forma de luna creciente.
Fuente, Beatriz de la (coord.), 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM/IIE.
Este conjunto se encuentra al poniente del Palacio del Quetzalpapálotl. En las paredes porticadas de sus recintos se exponen extraordinarias imágenes de jaguares en dos versiones: una procesión de felinos ricamente ataviados, que portan en el hocico un instrumento musical de grandes caracoles emplumados, y pequeños jaguares envueltos con una red reticulada que van custodiados por dos manos humanas.
Felinos con conchas tocando un caracol: La escena de este mural, localizado en el Patio de los Jaguares, describe un felino de cuerpo alargado en color rojo oscuro. La cabeza está levemente echada hacia arriba; el ojo parece un diseño de líneas curvas en color rosa; las orejas erguidas y redondeadas están arriba y detrás de las cejas; el hocico se ve abierto y en su interior se asoman dientes y colmillos; se advierte una pequeña nariz circular.
El tocado se compone de un portapenacho o diadema rígida de plumas cortas, y un penacho de cinco plumas largas que se dirigen hacia arriba y atrás; un adorno de carácter simbólico, compuesto por una hilada de conchas bivalbas, recorre el lomo del animal por atrás del portapenacho hasta la cola. El caracol que está frente al hocico del felino se constituye de una suerte de tubo o boquilla con reborde; se compone de tres secciones: una abocinada de fondo rojo y estrías verdes, la otra es una especie de banda verde en zigzag con tres puntos verdes en su eje vertical, y por último la gran espira. Debajo de la garra izquierda del felino descienden también tres gotas rojas.
Todo va enmarcado por una cenefa que se compone de dos imágenes: la primera es un tocado de plumas y la otra es un rostro, que podría tratarse de Tláloc, al centro de una estrella.
Fuente, Beatriz de la (coord.), 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM/IIE.
Felinos reticulados: Otro de los murales más representativos del Patio de los Jaguares representa un felino de perfil. Su cuerpo es verde y va cubierto de una retícula en color azul fuerte; una línea también azul define su contorno; en la cabeza se advierte el ojo redondo de círculos concéntricos, bordeado en su mitad superior por una banda roja ondulada y un medio abanico de plumas cortas que figura la ceja; el hocico abierto deja ver la encía de la mandíbula superior, tres dientes y un largo colmillo curvo; la nariz es una suerte de voluta roja con apéndice curvo al centro, y las orejas se ven de frente como dos placas erguidas. El cuerpo estrecho tiene el vientre caído; de sus extremidades delanteras se aprecia que apoya la garra derecha y la izquierda la dirige hacia adelante; las garras azules las rodea un anillo rojo claro. La cola se yergue describiendo una S; una banda compuesta de triángulos rojos y verdes recorre su lomo, así como la parte de atrás de las extremidades izquierdas y la parte inferior de la cola. El tocado se forma de dos partes: una diadema o portapenacho que repite el diseño de triángulos rojos y verdes, y un penacho de plumas verdes, largas, que se curvan hacia abajo hasta tocar el cuerpo. Dos vírgulas continuas, estrechas y extendidas, salen de las fauces abiertas del felino, en su interior llevan una banda de volutas. La cenefa se limita por dos bandas rectas, y en su interior se observan otras dos bandas que se ondulan y entrelazan formando una especie de cadena, en la cual alternan lazos amplios con lazos estrechos; una banda azul limita el muro en su parte inferior.
Fuente, Beatriz de la (coord.), 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM/IIE.
Palacio del Quetzalpapálotl o de las Mariposas
Se ubica en la esquina suroeste de la Plaza de la Luna. Destaca su patio interior, cuyos pilares están adornados con bajorrelieves que representan aves de perfil y de frente con las alas extendidas.
Se ubica en la esquina suroeste de la Plaza de la Luna. Destaca su patio interior, cuyos pilares están adornados con bajorrelieves que representan aves de perfil y de frente con las alas extendidas. Los pórticos de sus cuatro aposentos están decorados con murales como "Grecas escalonadas y discos de mica", diseño geométrico que se prolonga en todos los muros de los Pórticos 1, 3 y 4. También sobresale "Ondas, ojos y volutas", que está conformado por dos bandas, una encima de la otra, las cuales se curvan y apuntan hacia arriba a intervalos regulares, formando una U muy abierta que parece simular ondas de agua.
Grecas escalonadas y discos de mica: Este mural es un diseño geométrico que se prolonga en todos los muros de los Pórticos 1, 3 y 4 del Palacio del Quetzalpapálotl. Está enmarcado arriba y a los lados por una cenefa compuesta de amplias volutas geometrizadas y definidas por una línea perimetral angosta que describe su contorno. El diseño, formado por una greca simple y un motivo escalonado que estuvo pintado de verde, se repite a intervalos regulares.
Fuente, Beatriz de la (coord.), 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM/IIE.
Ondas, ojos y volutas: Su diseño es simple, geometrizado y de pocos colores. Está conformado por dos bandas, una colocada por encima de la otra, que se curvan y apuntan hacia arriba en intervalos regulares, describiendo una U muy abierta; parecen simular ondas de agua. A tramos, también regulares e interrumpiendo el camino de las bandas, se advierten cinco formas semicirculares, con un disco al centro y colocadas en sentido vertical. Una cenefa compuesta por volutas blancas delineadas en rojo oscuro enmarca por arriba y por debajo el diseño de ondas y formas semicirculares; la parte alta del muro es plana, en rojo oscuro y sin diseño.
Fuente, Beatriz de la (coord.), 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM/IIE.
Es una superposición de cuatro estructuras constructivas. En la segunda de ellas se pintaron tres grandes murales, que muestran dos tiempos pictóricos sucesivos; su composición general es similar: bandas horizontales sobrepuestas, separadas entre sí por otras bandas más angostas, de color rojo-naranja. Este mural puede apreciarse actualmente en el Museo de Murales Teotihuacanos.
Fuente, Beatriz de la (coord.), 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM/IIE.
Es uno de los complejos arquitectónicos más grandiosos de la ciudad. Está formado por una gran plataforma en forma de muralla, cuyas dimensiones son de 400 m por lado, la cual delimita perfectamente un amplio espacio rectangular que alberga el Templo de la Serpiente Emplumada, conocido también como Templo de Quetzalcóatl. Una gran plaza, un adoratorio en el centro de la plaza y dos unidades residenciales completan el complejo de La Ciudadela. Destacan los restos policromados de pintura que se conservan tanto en los relieves de las fachadas del templo, como en las paredes de los niveles constructivos de mayor antigüedad de los conjuntos residenciales.
Templo de la Serpiente Emplumada: El Templo de la Serpiente Emplumada es uno de los más antiguos de la ciudad y sin duda de los más bellos, construido originalmente en siete niveles arquitectónicos con el diseño de talud-tablero típico de esta ciudad. Este diseño presenta una singular decoración compuesta por una serie de esculturas de dos monstruos divinos alternándose en el tablero, mientras que en los taludes de cada cuerpo, tallados en bajo relieve, hay una serpiente emplumada de perfil; en ambos casos presentan un fondo con una representación de elementos marinos, y al parecer las cuatro fachadas contaban con la misma decoración. El edificio es de construcción sólida, de piedras con lodo, y en los cimientos del templo se registraron una serie de ofrendas que contenían principalmente restos humanos; estas ofrendas son dedicadas a la construcción del edifico o a la deidad. En el Museo de la Cultura Teotihuacana se encuentran dos reproducciones de estas ofrendas, que representan una muestra clara del sacrificio humano practicado en Teotihuacán con fines religiosos.
Signos cosmogónicos-calendáricos: Los tableros de este edificio fueron decorados con diseños circulares enmarcados por bandas entrecruzadas, que han sido interpretadas como signos de los cuatro rumbos o el quincunce.
Gran Conjunto
Localizada a un costado de la Calzada de los Muertos, el Gran Conjunto pudo ser el centro mercantil y burocrático de Teotihuacán. En su interior fueron localizados murales procedentes de distintas etapas constructivas.
Localizada a un costado de la Calzada de los Muertos, el Gran Conjunto pudo ser el centro mercantil y burocrático de Teotihuacán. En su interior fueron localizados murales procedentes de distintas etapas constructivas.
Sacerdote enmarcado con flores de cuatro pétalos: En este fragmento de mural, hallado en uno de los cuartos del Gran Conjunto, está representada una figura humana de perfil. Lleva en la mano derecha una bolsa ritual rematada en su parte inferior con el crótalo de una serpiente, en la otra porta un bastón de mando con un elemento circular compuesto por plumas, flecos y una figura enroscada en la parte superior.
Porta grandes orejeras circulares y sobre sus hombros usa una especie de capa o lienzo con plumas, por atrás a la altura de la cintura, luce un gran adorno en forma de cola de gallo con cintas y listones prendidos con un gran broche. Lleva un elaborado tocado engalanado por varias bandas superpuestas de flecos, adornos simbólicos, varias cabezas de ave con el pico abierto y finaliza con largas plumas que caen por atrás, frente al cual se encuentra una estera o elemento formado por bandas entrelazadas; enmarcado por una cenefa de franjas de flores de cuatro pétalos.
Fuente, Beatriz de la (coord.), 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM/IIE.
Felinos reticulados sobre círculos seccionados: Este mural del Gran Conjunto retrata una procesión de felinos que van del pórtico a la parte central del muro que se encuentra en el fondo del cuarto. Cada felino esta de perfil y tiene como base una línea horizontal de semicírculos, muestran profusamente adornados con flecos triangulares y plumas, elementos decorativos que aparecen en las patas, en la cola y en su exuberante tocado, las plumas de este último se sostienen en una arqueada franja de triángulos, rematando hacia atrás con un gran abanico.
Tienen el hocico abierto, de cuyas comisuras sale un colmillo curvado hacia atrás; de las fauces surgen dos bandas que giran hacia adelante, adornadas con una especie de ojos con símbolos celestes. Los murales o paneles van enmarcados por una ancha franja formada por tres bandas, sobre las que se representa una figura estilizada de la cabeza de Tláloc vista de frente.
Fuente, Beatriz de la (coord.), 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM/IIE.
Conjunto de los Edificios Superpuestos
Después de recorrer la Calle de los Muertos, y cruzar el puente del Río San Juan, se localiza el llamado Conjunto de los Edificios Superpuestos, en cuyos edificios se muestran restos de murales con la representación de figuras geométricas que aluden a la relación que Teotihuacán sostuvo con otras
Después de recorrer la Calle de los Muertos, y cruzar el puente del Río San Juan, se localiza el llamado Conjunto de los Edificios Superpuestos, en cuyos edificios se muestran restos de murales con la representación de figuras geométricas que aluden a la relación que Teotihuacán sostuvo con otras culturas del Golfo de México.
Tal es el caso de la Plaza de los Altares Superpuestos, donde los cuatro lados de su adoratorio están decorados, incluyendo los taludes y los tableros con sus molduras. Los diseños son geométricos: en los tableros a base de volutas y entrelaces, donde los dibujos, representados en una composición abstracta, se distribuyen simétricamente hacia los lados de un eje vertical imaginario.
Conjunto Plaza Oeste
Ubicado al oeste de la Calzada de los Muertos y al norte de los edificios superpuestos, se compone de un gran patio con un altar limitado por tres templos alrededor de los cuales se disponen cuartos y patios.
Ubicado al oeste de la Calzada de los Muertos y al norte de los edificios superpuestos, se compone de un gran patio con un altar limitado por tres templos alrededor de los cuales se disponen cuartos y patios. En algunos de ellos se hallaron numerosas piedras de molienda, así como esculturas, almenas y cerámica doméstica. Trabajos recientes dejaron expuestas dos de sus etapas constructivas: uno de sus templos luce grandes cabezas de serpiente y abajo otro decorado con cabezas de serpiente de lengua bífida.
Conjunto Plaza Este
Se sitúa al este de la Calzada de los Muertos. Entre sus estructuras destacan la Subestructura del Grupo 17, también conocida como Templo de Tláloc, y la Estructura 1G, en cuya fachada se ha encontrado pintura mural.
Se sitúa al este de la Calzada de los Muertos. Entre sus estructuras destacan la Subestructura del Grupo 17, también conocida como Templo de Tláloc, y la Estructura 1G, en cuya fachada se ha encontrado pintura mural.
Figuras geométricas en forma de tablero de ajedrez: El mural consta de pequeños cuadros de color rojo colocados en forma de X sobre un fondo blanco, formando dos cruces, una delante de la otra en una franja horizontal. Estos motivos están delimitados por tres franjas verticales en color verde, amarillo y rojo, diseño que se repite a intervalos regulares a lo largo de la moldura inferior del tablero arquitectónico.
Fuente, Beatriz de la (coord.), 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM/IIE.
Conjunto del Sol
Se compone por la Gran Pirámide del Sol, una destacada plataforma, una plaza rectangular, que además concentra tres pequeños templos y un adoratorio, una unidad administrativa y un área residencial, Todos estos elementos crean uno de los espacios urbanos más complejos y monumentales de la América
Se compone por la Gran Pirámide del Sol, una destacada plataforma, una plaza rectangular, que además concentra tres pequeños templos y un adoratorio, una unidad administrativa y un área residencial, Todos estos elementos crean uno de los espacios urbanos más complejos y monumentales de la América prehispánica.
Pirámide del Sol: Es uno de los edificios más antiguos de la ciudad, con 65 m de altura y 224 m por lado en su base, es el más grande de la ciudad; en uno de los conjuntos residenciales aledaños se detectaron cerca de 30 murales con representaciones diversas, polícromos en su mayoría.
Serpiente en espiral enmarcada por diseño de greca escalonada: Se trata de una serpiente en espiral; en su centro la cabeza estilizada se mira de perfil; por encima y a la izquierda está la cola exhibiendo tres crótalos geometrizados, de sus rasgos se aprecia el ojo compuesto de tres círculos concéntricos, de éste desciende un apéndice inclinado, la boca está abierta y en su interior se reconocen apuntados dientes, la oreja es, al igual que la boca, una especie de trompa, una amplia voluta.
La cabeza, en efecto, no parece la de una serpiente, es un animal fantástico; el cuerpo es una ancha franja seccionada por líneas escalonadas, en tramos rojos y amarillos, una banda azul oscuro la contornea. Por fuera, siguiendo el esquema del cuerpo serpentino, le sirve de marco un diseño de grecas escalonadas -alterna una roja y una amarilla- que terminada dejando espacio para la representación de los crótalos. Llevaba cenefa de diseño de grecas escalonadas limitada por bandas con triángulos rojos y amarillos, el estilo esquemático y geométrico difiere notablemente de los tiempos "clásicos" teotihuacanos.
Fuente, Beatriz de la, coord., 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM / IIE.
Mariposa con grandes ojos de círculos concéntricos y mano humana en su cuerpo: Se aprecian grandes ojos compuestos por anillos concéntricos y pupilas excéntricas, en la parte media central del anillo interno; al centro, donde se juntan los dos anillos se levanta la antena de la mariposa figurada en espiral, lleva el perímetro rojo y el fondo rosa, destaca una forma semiovalada en verde claro.
El cuerpo se compone por una mano humana derecha que parece sostener en lo alto dos meandros y, a cada lado, una banda estrecha que se curva hacia abajo y termina en un apéndice apuntado; el puño de la mano está cubierto por una banda de nudo en verde y un colgante azul, toda ella sobre una superficie rectangular en tono rosa; las alas esquemáticas muestran diseños verdes en su interior, tienen remetimientos hacia el lado interno y en el diseño de la parte baja llevan líneas verticales paralelas; a ambos lados del cuerpo de la mariposa hay diseños policromos cuya forma es irreconocible.
Fuente, Beatriz de la, coord., 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM / IIE.
Grandes murales de figuras aladas descendentes: Es un personaje descendente con las alas extendidas que rematan con pequeñas cabezas de ave que tienen un pico fuerte y ganchudo y una cresta de pequeñas plumas; debajo de su rostro hay una especie de guirnalda -formada por lo que parece ser hojas de maguey- que se prolonga por debajo de las alas.
Este personaje porta un faldellín o capa de plumas a cuyos lados aparecen nuevamente las cabezas de aves, se aprecia además su pie izquierdo que calza una sandalia; su rostro está enmarcado por un yelmo con forma de una figura zoomorfa frontal, el pico está dirigido al centro, tanto en la parte superior como en la inferior, sus fosas nasales parecen más de un felino que de una ave, los ojos del yelmo están coronados por plumas. La boca del personaje tiene forma trapezoidal y muestra su dentadura; lleva anteojeras rectangulares y una máscara bucal escalonada.
Encima del yelmo y de los extremos de los ojos surge un medio círculo que muestra en su interior estrellas de cinco puntas; hacia abajo esta su mano derecha, de la que brota una corriente; por encima de su cuerpo brota una planta que se extiende hacia los extremos, las hojas tienen forma puntiaguda y son las mismas en cada tallo excepción de aquellos que tienen flores, en ellas aparecen distintos elementos de remate: una figura rectangular de la que caen tres gotas, dos barras paralelas separadas por un entrelace y otros elementos que no se pueden apreciar claramente.
En el espacio entre la cenefa, el personaje y cerca de la planta se aprecian mariposas y un ave con el cuello largo y torcido; la cenefa está formada por bandas de entrelaces: una de ellas se compone de la secuencia de lo que parecen elementos florales y la otra por ojos y rayos dentados que alternan.
Fuente, Beatriz de la, coord., 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM / IIE.
Diseño con formas polilobuladas que alternan con estrellas de cinco puntas: Se trata de una cenefa limitada en su perímetro externo por una banda de volutas cuyas curvas hacia adentro, se encuentran en el centro. En la superficie interior alternan, sobre fondo rojo oscuro, diseños polilobulados con estrellas de cinco puntas; en el espacio interno de tales diseños se repiten las estrellas de cinco puntas parte de las cuales salen formas apuntadas y radiales en color rojo oscuro.
Fuente, Beatriz de la, coord., 1995, La pintura mural prehispánica en MéxicoTeotihuacán, tomo I, México, UNAM / IIE.
Jaguar delineado en azul con el rostro de frente, planta de maguey, mariposas, aves y flores: El centro del mural y de la composición se marca por el tallo de un maguey que se sobrepone al cuerpo del jaguar, cuya cabeza se compone de dos perfiles, tiene ojos redondos, fauces abiertas que muestran colmillos en la encía superior y una lengua bífida con extremos curvos hacia adentro; dos secciones componen su tocado -cada una corresponde a un perfil de la gran cabeza- y un medio abanico compuesto de largas plumas que se yergue de un portatocado de triángulos encontrados.
La superficie del cuerpo del felino está decorada con entrelaces, la pata delantera izquierda se posiciona adelante y la derecha se abraza al tallo del maguey, sólo se observa de perfil la pata trasera derecha, la cola se curva y desciende sobre lo que resta de una banda con estrellas en el interior que simula agua, donde posa un felino.
El tallo de la planta se yergue y divide en tres ramas: dos hacia los lados y una en el centro, de las tres ascienden flores de cuatro pétalos a las que se sobreponen otras flores de perfil que muestran la corola y el pétalo, en su interior llevan tres discos y tres ojos, en lo alto se aprecian líneas onduladas paralelas. A los lados de estas flores compuestas se colocaron, a cada lado, tres bandas con ojos en su interior que bajan serpenteando; en los espacios entre las bandas y el felino se ven mariposas con las alas extendidas y un ave de perfil con una gran vírgula que sale de su pico.
La escena se encuadra por una cenefa, formada de símbolos compuestos por flores cuatro pétalos en cuya parte interior se adosan y alternan conchas de distinto tipo, caracoles seccionados y completos.
Fuente, Beatriz de la, coord., 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM / IIE.
Figura frontal con entrelaces garras y corriente: Es una gran figura simbólica representada de frente, en lugar de rostro tiene una especie de escudo que en su interior lleva círculos concéntricos y un disco al centro enmarcado por líneas dobles y entrelazadas, rodeadas por otro anillo exterior compuesto por un diseño de plumas curvadas en la misma dirección; por encima del escudo se extiende como gran abanico un enorme tocado que se constituye de las siguientes partes: la más baja, por encima del escudo, se forma de una hilada de lengüetas apuntadas hacia abajo; por encima se extiende una banda que se curva en los extremos y en cuyo interior se nota, en sentido horizontal, una hilera de discos; en un nivel más alto se observa una banda más amplia que la inferior, sigue la misma curvatura y se decora en su interior con una hilada de gotas; otra banda estrecha repite la forma y el diseño, con una serie de discos en dirección horizontal.
Al centro y a lo alto de las bandas antes dichas, se aprecia una especie de recuadro en cuyo interior se observan discos, una silueta en forma de banquillo de la cual se levantan y curvan hacia afuera, cuatro apéndices que simulan colmillos. El recuadro se limita en lo alto por dos bandas dos bandas curvas: la interna lleva discos y la externa triángulos en dos tonos de rojo. A los lados de la parte baja, que semejan las fauces abiertas de un animal, se extiende a cada lado y en sentido horizontal, una placa con apéndices apuntados.
Enmarcando las secciones del tocado arriba mencionadas, se aprecian bandas en sentido diagonal con discos y triángulos en su interior, de ellos bajan tres gotas a cada lado; dos penachos de plumas, uno a los lados de las secciones bajas y otro en lo alto dan realce a un tocado magnífico.
Fuente, Beatriz de la, coord., 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM / IIE.
Jaguar abrazando ramas estilizadas de maguey: En el fragmento se aprecia una imagen felina cuya cabeza esta de perfil y viendo hacia el lado derecho; los brazos y piernas con sus respectivas garras, parecen estar de frente abrazando el tallo de planta que se ha identificado como maguey, en tanto que su cola erguida se curva hacia la derecha de modo convexo.
La cara del felino tiene un ojo elíptico, la oreja erguida, la nariz chata mostrando la fosa nasal y las fauces entreabiertas con dientes y colmillos en la encía superior; la cabeza, extremidades, cuerpo y cola del jaguar tienen bandas entrelazadas o redes; en las extremidades y en la cola se ven formas semiovales con puntos en su interior.
Usa un tocado en forma de abanico, su base o portatocado es una banda de triángulos encontrados que sostiene largas plumas verdes; arriba de la cabeza del felino se levanta el tallo con las hojas de maguey, en lo alto se bifurca con dos ramas, una a cada lado de su centro, y de cada una de estas, se yergue un tallo que sostiene una flor de cuatro pétalos -el superior está oculto- con triángulos en su interior, y otra flor vista de perfil, con corola y pétalos en cuyo interior van dos discos y tres ojos dirigidos hacia arriba, por encima de los pétalos se ven líneas paralelas onduladas y una amplia banda roja en forma de abanico; como formando parte de esta sección de la planta de maguey, por ambos lados, descienden bandas onduladas con ojos en su interior, de la rama derecha bajan cuatro gotas con sus respectivos ojos.
El fragmento se enmarca por una cenefa compuesta de conchas bivalvas y caracoles, que ocultan el pétalo inferior de la flor cuatripétala en su parte alta; en el lado izquierdo de la cenefa se aprecian restos de conchas, caracoles y una mano que sale de las flores de cuatro pétalos, en la parte externa se ven restos de una franja con volutas.
Fuente, Beatriz de la, coord., 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM / IIE.
Figuras humanas de perfil con disfraz de ave y sosteniendo un cuchillo curvo: Dos figuras humanas vistas de perfil, ambas con un pie detrás del otro y sosteniendo en su mano un cuchillo curvo que hiende por el centro de una imagen parecida a un corazón seccionado, del que penden cinco gotas.
Pocos elementos de la figura humana son visibles: un collar de cuentas circulares, los pies que van uno detrás del otro, y calzados con sandalias, del rostro se aprecian grandes arillos en torno a los ojos y la mano izquierda se eleva para tomar un cuchillo curvo; el tocado o yelmo, que enmarca el rostro de perfil, es el pico de un ave con ojo y plumas, tiene una sección horizontal con estrellas en su interior, limitada por una banda de petalillo y triángulos rectos en dos tonos de rojo.
Por encima se yergue un penacho de plumas largas que forman la silueta de medio abanico; por debajo y hacia atrás de la cabeza de la figura humana, se extiende otro haz de cuatro plumas del que desciende una clase de banda o corriente con diseños simbólicos en su interior.
Del vestuario del personaje se aprecia una especie de capa compuesta por distintas secciones: una voluta extendida que pareciera la articulación del ala de un ave; por debajo de esta última una banda con diseños circulares; después otra banda de triángulos encontrados en dos tonos de rojo; de mayor amplitud que las anteriores una banda formada por plumas; y finalmente en lo bajo, otra banda de flecos en forma de X.
La cenefa que limita el diseño es distinta en los dos lados verticales, en el extremo derecho se constituye de cinco bandas rectas que se desplazan en sentido vertical y en lo alto se doblan en dirección horizontal: una de estas bandas, en el interior, es una franja lisa de color rojo claro, la siguiente, hacia afuera, es una banda con una hilada de huellas de pies que siguen una misma dirección; otra en el exterior es semejante a una banda de estrellas de cinco puntas y un disco central; otra banda se conforma de triángulos apuntados en dos tonos de rojo.
Por último una banda formada por una hilada de plumas; una forma rectangular -en la parte más baja- de la que descienden cuatro plumas curvas y largas, recoge las bandas antes descritas. En el otro extremo de la cenefa las bandas varían en su diseño interior: destacan ondas de agua en sentido vertical, huellas de pies y plumas que terminan en una cabeza zoomorfa que ve hacia abajo.
Fuente, Beatriz de la, coord., 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM / IIE.
Figura de ave vista de frente sobre escudo con estrella de cinco puntas: En el fragmento de este mural se reconoce además de las bandas rectas dobladas en espiral con las hileras de discos en su interior, la figura de un ave vista de frente; sus ojos son círculos concéntricos, compuestos de bandas de distintos colores, el ave se ve por encima de un disco .¿escudo o rodela?- en cuyo centro esta puesta una estrella de cinco puntas, y la circundan estrechas bandas azul y amarilla, otra banda más amplia con plumas en su interior forma la banda externa del disco.
Fuente, Beatriz de la, coord., 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM / IIE.
Mural del puma
Se encuentra en los muros de uno de los edificios ubicados sobre la Calzada de los Muertos en su extremo norte, y presenta un puma pintado de gran tamaño en el tablero de la plataforma.
Se encuentra en los muros de uno de los edificios ubicados sobre la Calzada de los Muertos en su extremo norte, y presenta un puma pintado de gran tamaño en el tablero de la plataforma.
Es la imagen monumental de un felino visto de perfil que simula caminar sobre amplias bandas onduladas y transversales; parece desplazar su cuerpo en sentido horizontal, no se ve la cabeza, el lomo y el vientre se perfilan por una extensa línea levemente ondulada, la cola angosta desciende y se curva suavemente, la pata es corta y en cada zarpa se muestran cuatro garras.
La imagen del felino parece sobreponerse a un fondo compuesto de bandas que se ondulan, el marco se forma de gruesos anillo verdes -chalchihuites- repetidos rítmicamente a intervalos regulares, sobre un fondo rojo oscuro.
Fuente, Beatriz de la (coord.), 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM/IIE.
Edificio de los Animales mitológicos
Muy cerca de la Plaza de la Luna, en el lado oeste, fueron descubiertos extraordinarios murales policromos llamados "Animales mitológicos".
Muy cerca de la Plaza de la Luna, en el lado oeste, fueron descubiertos extraordinarios murales policromos llamados "Animales mitológicos". El tema en general se refiere a la confrontación entre animales que ocultan o alteran su imagen natural, se mueven al ritmo de las ondas de agua, representadas por amplias bandas horizontales, amarillas y azules o verdes que se alternan entre sí, limitadas por estrechas bandas rojas que se apuntan hacia arriba en intervalos regulares; en alguna porción se aprecian hasta cinco bandas, considerando la superposición de las amarillas, azules y rojas; la estructura pictórica se determina por este sólido andamiaje de bandas, rítmico, horizontal y firmemente estable.
Apoyándose, emergiendo, cruzando y envolviendo dicho andamiaje, están tres clases de criaturas zoomorfas: cuadrúpedos, reptiles y peces cuyas posturas, enormemente dinámicas y variadas, confieren a la escena dramático movimiento. Es probable que en su estado original, cubriendo los muros de la cámara 1, la escena tuviera una especie de continuidad temática y simbólica de la cual sólo se advierten porciones aisladas.
Fuente, Beatriz de la (coord.), 1995, La pintura mural prehispánica en México Teotihuacán, tomo I, México, UNAM/IIE.
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