
Huapalcalco
Los vestigios de pinturas rupestres hacen de esta zona arqueológica la más antigua de Hidalgo. El sitio tiene como fondo sorprendentes acantilados.
Este sitio, el más importante del valle de Tulancingo, presenta cinco ocupaciones diferentes. La primera y más antigua corresponde a la prehistoria, específicamente al periodo Cenolítico Inferior. Destaca la presencia de puntas de proyectil del tipo Meserve y un hacha de mano fechadas hacia el 7000 a.C., así como las pinturas rupestres ubicadas en los acantilados de los cerros la Mesa y el Tecolote.
La segunda ocupación es evidente en un caserío del Preclásico Tardío, mientras que la tercera consiste en un asentamiento representado por la Estructura VI, cuyo estilo arquitectónico refleja influencia teotihuacana. Los monumentos y cerámicas correspondientes al Epiclásico —650 a 900— pudieran ser parte de los antecedentes de la cultura tolteca. Aquí se tienen las primeras noticias históricas de Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl, célebre sacerdote del dios “Serpiente Emplumada”, quien llegaría a convertirse en el más destacado gobernante de Tula, la capital de los toltecas.
Es muy clara la importancia del sitio por la explotación del yacimiento de obsidiana de El Pizarrín y por ser un centro regional que fungía como punto de paso entre la cuenca de México y la Huasteca (sierra).
La cuarta ocupación, que corresponde al Posclásico Tardío, se caracteriza por los materiales cerámicos de la fase Azteca III y IV de la cuenca de México. Por otro lado, en el sitio se han hallado objetos importantes, como dos yugos de origen totonaca y una escultura del Dios Viejo del Fuego.
- Dirección del Centro INAHManuel Villarruel Vázquezmanuel_villarruel@inah.gob.mx+52 (771) 714 3989
Plaza ceremonial
Fue restaurada en 1954, año en que se iniciaron las exploraciones en Huapalcalco por Florencia J. Müller y César Lizardi Ramos. Es un espacio abierto, con una pirámide situada al oriente y un anexo piramidal al lado norte. En la parte central de la plaza se encuentra un altar-estela.
Fue restaurada en 1954, año en que se iniciaron las exploraciones en Huapalcalco por Florencia J. Müller y César Lizardi Ramos. Es un espacio abierto, con una pirámide situada al oriente y un anexo piramidal al lado norte. En la parte central de la plaza se encuentra un altar-estela.
Pirámide principal: Su fachada, orientada hacia el poniente, tiene una escalinata de ocho gradas delimitada por alfardas lisas; éstas se desplantan de un zócalo, el cual corre por todo el frente del monumento. Posee varias etapas constructivas superpuestas. En la arquitectura de Huapalcalco se nota la influencia teotihuacana de tableros y taludes.
Altar-estela: Es una piedra irregular sin trabajar, por lo que César Lizardi Ramos la llamó “altar y presunta estela”.

