Opinión de un experto
Teotenango
La zona de monumentos arqueológicos de Teotenago, se localiza en el extremo oriente del cerro de Tetépetl, su construcción data del periodo Clásico a partir del año 250 al 650 d.C. por gente que llegó de Teotihuacán a esta región del antiguo Chignahuapan (Román Piña Chán los denomina como Pre-teotenancas), aquí encontraron diversos recursos naturales tanto para el propio consumo, como para abastecer a la gente que vivía en la urbe teotihuacana. Los primeros pobladores de Teotenango se ubicaron en la parte baja mientras se iniciaban las primeras obras en la cima del cerro. Las más grandes ocupaciones en Teotenango las hicieron los teotihuacanos, en el período Clásico, matlatzincas en el Epiclásico (650 al 900 d.C.), así como en el Posclásico Temprano y Tardío (900 a 1550 d.C.), y finalmente, mexicas llegaron en el Posclásico Tardío (1476 al 1550 d.C.)

Uno de los aspectos relevantes de la zona es su ubicación: se localiza en la parte suroeste del valle de Toluca, sobre una elevación geológica clasificada como colada lávica (es decir, de extensión longitudinal y poca continuidad lateral), perteneciente a la provincia de la Cordillera Nueva Volcánica Transmexicana, una franja que data del Cenozoico Superior, la cual cruza transversalmente la República Mexicana a la altura del paralelo 19, y se extiende con rumbo de oeste a este, desde el norte de Puerto Vallarta, hasta Veracruz. Dicha provincia se subdivide en tres sub-provincias: Mil Cumbres, llanos y sierras de Querétaro e Hidalgo; y Lagos y Volcanes del Anáhuac; en esta última se encuentra el cerro Tetépetl, sub-provincia compuesta por volcanes, sierras, vasos lacustres y vasos de recepción.

Esta colada lávica se originó en el Cuaternario, roca ígnea conformada por emisiones surgidas de tres puntos distintos del Mioceno; y escarpada con fallas o fracturas ocurridas en el Pleistoceno Temprano (Blomfield, 1973). Por la parte inferior de la colada se encuentra una superficie de deposición semi-plana y de poca pendiente que forma parte de las llanuras de inundación de la zona.

Es notable la ubicación de la zona arqueológica de Teotenango; muestra una estrategia para obtener agua, control del paso y seguridad: Escogieron un lugar donde de forma natural se contaba con el abastecimiento de agua, pues al poniente se encuentran las estribaciones del volcán Xinantecatl y al oriente se encontraba la laguna del Chignahuapan (en la actualidad bastante reducida), además de los ojos de agua que existían al lado norte en la planicie, por lo que el suministro de agua y los alimentos que de este elemento dependía estuvo garantizado.

Como control de paso podían dar acceso o limitar la entrada de gente al valle que conducía hacia las regiones sur y suroeste del valle: Malinalco, Tenancingo, Coatepec de Harinas y a Guerrero, a la parte sureste de Michoacán, y de las costas del mar de estos estados.

Su ubicación en la cima del cerro a pesar de ser una zona escarpada, dio a los grupos que la ocuparon en los diferentes períodos culturales la seguridad de no ser sorprendidos gracias a la visibilidad del ángulo norte, oriente y sur del valle. En el Posclásico Tardío, la muralla nos sugiere que se requería de una estrategia de seguridad altamente eficiente, para evitar filtraciones bélicas, puesto que lo escarpado de las paredes de la colada lávica ya representaba un reto al acceso de la cima.

Por otra parte, es notable la arquitectura que desarrollaron en la cima del cerro puesto que presentó un gran reto para los constructores prehispánicos (ahora los llamaríamos ingenieros, arquitectos, urbanistas) cada una de las etapas culturales; así como su adaptación en un terreno irregular y accidentado. Para ello, se niveló la superficie por espacios determinados y fueron ubicando la Plaza de acceso, para subir a los diversos conjuntos con estructuras piramidales, altares, habitaciones, juego de pelota y demás estructuras, todo distribuido por niveles. De toda la zona de monumentos delimitada por la muralla, Román Piña Chán sólo alcanzó a descubrir la orilla norte, en la década de los setenta del pasado siglo. Al caminar por sus plazas, patios, callejones, pasillos e ir observando la grandiosidad de estos monumentos, no se deja de pensar en la planeación y organización que les guió para alcanzar el desarrollo arquitectónico que se manifiesta en cada uno de sus periodos constructivos.

Cabe resaltar entre otras tantas muestras del nivel cultural que alcanzaron los grupos étnicos asentados en Teotenango, la presencia de los petroglifos. En los años setenta Román Piña Chán (1975) reportó la presencia de más de 300 grabados los cuales, a la fecha muchos de ellos han desaparecido a causa del embate de la intemperie y de la acción humana, más de 1500 años han provocado un constante deterioro. El significado de petroglifo proviene de petros –piedra y glyphein –tallar o grabar, tallar o grabar en la piedra para transmitir ideas, señales o conocimientos, en Teotenango los grabados se hicieron en rocas de andesítica basáltica, su localización se encuentra dentro del área amurallada en el lado poniente; se trata de grabados en grandes peñas y rocas naturales que afloran en la superficie del cerro Tetépetl.

En este sitio todos los petroglifos tienen en común la presencia de cavidades y escaleras, los cuales se asocian prácticamente con canales, protuberancias y líneas aisladas para dar la composición básica de ellos; a éstos se agregan figuras antropomorfas, zoomorfas, fitomorfas, geométricas, maquetas, arco y flecha, sol o estrellas, puntos, escalones y espirales. Referente a su temporalidad Piña Chán, la determinó a partir del año 1162 después de Cristo, considerando que algunos más pertenecen al período de la Colonia.

Es importante la presencia de los petroglifos o petrograbados en Teotenango, puesto que se observa una clara relación con el agua; las cavidades excavadas tenían la función de recoger el rocío del cielo -agua de lluvia para, como identifico Piña Chán, ciertas ceremonias o ritos--, aunque menciona también que pudieron servir para moler ciertas hierbas, frutos y otros productos vegetales; los canales que se asocian a ellas indican también cierta relación con el agua; los círculos, el sol y los de forma fitomorfa tienen que ver con la lluvia, calor y vegetación; el arco y la flecha así como los de forma zoomorfa con la cacería y con la guerra, estos petroglifos no nos indican una relación con una religión institucionalizada de un grupo altamente teocrático como debió de haber ocurrido al principio de la ocupación de Teotenango, sino de un grupo más bien orientado a la magia o creencias sobrenaturales, en las que el Sol, agua, lluvia, viento, animales, cuevas cañadas, eran causa de veneración.

Por último, se puede decir acerca del lugar donde se levantó esta magnífica zona arqueológica, que la apropiación del espacio geográfico de los grupos étnicos asentados en Teotenago refleja una visión de establecimiento con proyección a cubrir una de las necesidades más básicas, el abastecimiento de agua, lo cual se manifiesta en su ubicación y en los elementos iconográficos grabados en las rocas donde se observa que el agua, el sol y el viento fueron elementos naturales a los cuales se les otorgó una gran carga simbólica; y a los que de acuerdo con Piña Chán se les rendía culto a través de ceremonias rituales que debieron efectuarse siguiendo posiblemente el calendario agrícola.
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Imagen tomada de Google Earth, el 28/II/2017
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Imagen tomada de Google Earth, el 28/II/2017
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Imagen tomada de Google Earth, el 28/II/2017
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Grabados
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Grabado peña
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