Pieza
En una representación atípica de la Sentencia, Ovalle inventa la escena. La monja de Ágreda  menciona que Pilato  no podía calmar a la multitud y decretó la sentencia de muerte en la cruz para el Divino Preso. Lo llevaron entonces a casa del juez para quitarle el manto y vestirlo con una túnica, preparándolo para la crucifixión. Al correr la voz de lo que le ocurriría al Salvador, los pobladores de Jerusalén llegaron en tropel a casa del juez. Observamos en el extremo inferior izquierdo al espectador, a un personaje que  sostiene una jofaina con agua, para que Pilato se lave las manos después de pronunciar la sentencia, acto simbólico que significó no asumir la responsabilidad de la crucifixión de Jesús.

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