Pieza
San Juan Bautista
Anónimo novohispano
Siglo XVIII
Mosaico de plumas y presencia de pintura



San Juan Bautista

Aunque sea difícil datarla con certeza, (1) por mezclar ya la técnica de mosaico de plumas con zonas consistentes de pintura, la obra es seguramente de factura más reciente que el Salvator Mundi (número de inventario 10-28966). Tiene más parentesco formal con la Virgen de la Salud (número de inventario 10-240101) y con una serie de obras de plumas conservadas en otras instituciones nacionales y extranjeras, así como en colecciones particulares; por ejemplo, el San Antonio con el Niño del Museo Nacional de Historia, o el San José con el Niño y la Virgen de la Salud, ambas del Museo Etnográfico de Berlín. La comparación con un mosaico en colección privada, (2) que originalmente perteneció al virrey Marqués de las Amarillas (1755-1760), convence del mismo terminus ante quem. Así, se trataría de una serie de obras realizadas entre finales del siglo XVII y la primera mitad del XVIII, muy probablemente en Michoacán. Sabemos con certeza que el San Juan Bautista proviene del Museo Nacional de Antropología.

El tema del mosaico es Juan Bautista, precursor y espejo de Cristo. Juan es considerado por los Evangelios como el primero de los profetas, comenzó a bautizar al borde del Jordán, anunciando la llegada del Mesías. En la época paleocristiana Juan lleva el abrigo característico de los filósofos, mientras que desde la época de Constantino, tiene el aspecto de un anacoreta en el desierto, vestido con piel de camello. Desde el Medioevo, es abrigado por una túnica de piel de oveja. En el mosaico de plumas, el santo tiene entre las manos el báculo del pastor, también asociado a la misión itinerante de Juan. Del bastón sale una filacteria de pluma blanca sobre la cual aparece la glosa Agnus Dei (cordero de Dios). Se trata de las primeras palabras de la letanía Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis, basada en el evangelio de Juan (1:29). El “cordero de Dios” es el símbolo de Cristo, como víctima sacrificial que quita el pecado del mundo: según los Evangelios, fueron las palabras pronunciadas por el propio Juan Bautista anunciando la llegada del Redentor. (3)

En el mosaico, las partes de la piel del santo son dejadas a la pintura, mientras que todos los otros elementos están realizados con finas plumas. De particular efecto resulta la factura de la túnica del profeta —que imita la piel animal— y la aureola que resplandece de verde y de amarillo para significar la luz. La obra presenta una riqueza cromática excepcional y los colores podrían tener también una significación iconográfica: pensemos en la presencia intensa del azul, que parece referirse al bautizo. Cabe resaltar cómo los temas representados a través de la figura del santo; es decir, el sacrificio de Cristo y el bautizo, alcanzan en el contexto novohispano de la evangelización y de la Colonia una importancia particular. La pérdida de algunas zonas del mosaico en el marco hace entrever claramente el dibujo que servía de guía para la aplicación de las plumas.

El amanteca contemporáneo Juan Carlos Ortiz Suárez ha realizado una copia del mosaico de San Juan Bautista, donde se autorretrató en la cara del santo.

Alessandra Russo

(1) Ha sido datada como obra de los siglos XVI y XIX.

(2) Teresa Castelló Yturbide (ed.),  El arte plumaria en México, México, Banamex, 1993, pp. 78-99.

(3) Pastoureau Duchet-Sucheaux, La Bible et les saints, 1994.

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