Opinión de un experto
La Cabeza de El Rey
Un elemento escultórico de especial singularidad —no sólo en el sitio de El Rey, sino en toda la región— es el monumento conocido popularmente como la “Cabeza de El Rey”, que también da nombre al sitio.

Las primeras referencias que tenemos de este asentamiento maya nos remiten a John Stephens, quien en 1842 narró haber visto edificios de piedra en la Isla “Kancune”; algunas décadas más tarde, Alice Le Plongeon (1889) realizó una descripción más detallada del sitio, al que llamó Nizucte, mencionando algunos de los elementos escultóricos que entonces eran visibles. Pocos años después, en 1895, William Holmes describió aproximadamente 12 montículos de piedra, columnas y escalinatas, mientras que en 1909, Arnold Channing y Frederick J. Tabor Frost realizaron un plano esquemático del conjunto principal y se refirieron a las características generales de los edificios y su estado de conservación, incluyendo la primera fotografía publicada del monumento antropomorfo que hoy conocemos como la Cabeza de El Rey. En 1911, Raymond Merwin llevó a cabo un recorrido por el sitio y realizó una nueva toma fotográfica de la escultura.

En 1918, Thomas Gann y Samuel K. Lothrop, integrantes de la expedición organizada por la Carnegie Institution of Washington, visitaron una vez más El Rey. En su publicación de 1924, Lothrop aludió al sitio muy brevemente, pero Gann, en su libro In an Unknow Land (1924), le dedicó un espacio mayor, siendo el primero en utilizar la denominación “El Palacio del Rey” para referirse a una de las estructuras principales del sitio (la estructura 3). Además, en cuanto a la escultura que aquí nos ocupa, señaló: “En un hueco de esta cornisa, justo entre las puertas [se encuentra] la figura de estuco de ‘El Rey de Cancuén’, que da su nombre al edificio” (Gann, op. cit.: 150). Este médico militar relató que, hasta poco antes de su visita, la figura del personaje estaba completa, incluyendo brazos y piernas “comparativamente empequeñecidas”, y que se encontraba sentado en la entrada de su palacio, pero que “un bribón peón mexicano” la tiró al curiosear el edificio, rompiendo los miembros y la parte inferior del cuerpo sin ninguna posibilidad de reparación, conservándose únicamente la cabeza y el tocado (Gann, ibídem).

El autor agrega que fue informado de que el responsable de la destrucción “murió dolorosamente dos semanas después de su acto de vandalismo, por lo que su muerte fue considerada por otros trabajadores como una causa directa de la ira del dios antiguo por la profanación de su santuario” (op. cit., 151). Temeroso de que fuera destruido también lo que quedaba del monumento, Gann arregló con el dueño del terreno llevarse la escultura en su embarcación, pero el mal tiempo lo impidió, por lo que “El Rey aún gobierna en su antiguo reino de Cancuen” (ibidem).

Llama la atención la detallada descripción que hace Gann de las características de la escultura: “La cara, que está muy bien (aunque toscamente) modelada, es de expresión cruel y maligna; la nariz es grande y ancha, la boca amplia y la frente alta, de ningún modo con el típico molde Maya. El tocado consiste en unas lengüetas amplias que caen sobre cada lado de las grandes orejeras circulares, conectadas a dos bandas que llegan hasta el centro de la frente. Encima de éstas se ve la cabeza y la mandíbula superior de algún animal mitológico, con dientes y ojos grandes, que está conectada a la frente [del personaje] con una espiga que está muy dañada para ser reconocible. La figura entera estuvo pintada con varios colores, pero éstos han quedado casi completamente borrados por el tiempo y la exposición” (ibidem).

Gann no estaba del todo equivocado en su interpretación. Efectivamente, la “Cabeza de El Rey” parece representar a un personaje de alto estatus, que porta un elaborado tocado con un animal fantástico, posiblemente una evocación de Itzamnaaj, la deidad creadora maya que tuvo una enorme popularidad en el Postclásico Tardío.

Vale la pena mencionar que la parte superior del tocado de la escultura conserva un pequeño espacio, que pudo haber servido para empotrar una parte del monumento que ahora ha desaparecido, pero que aún se aprecia en la fotografía de Arnold y Frost, así como en la de Merwin; o bien, haber funcionado como lugar para el depósito de una pequeña ofrenda, como las que comúnmente se colocaban en los altares de la región.

Después de la visita de los integrantes de la expedición de la Carnegie, El Rey volvió a ser explorado por especialistas hasta 1954. En ese año, William Sanders realizó excavaciones estratigráficas con el fin de fechar este y otros sitios de la región. La creación del nuevo centro turístico de Cancún, en los años setenta, generó las condiciones para que el INAH iniciara exploraciones arqueológicas en el sitio, a cargo de Pablo Mayer Guala. Posteriormente, ahí trabajaron también los arqueólogos Ernesto Vargas y Akira Kaneko, como parte de un proyecto de la UNAM. Fue en los años ochenta que se decidió trasladar la “Cabeza del Rey” al Museo Arqueológico de Cancún, que por esas fechas se encontraba en un área anexa al Centro de Convenciones de Cancún. En 2012 fue llevado al nuevo Museo Maya de Cancún, donde actualmente es una de las piezas centrales de la sala de Arqueología Maya.

En 1993, los arqueólogos Enrique Terrones y Luis Leira realizaron nuevas exploraciones y trabajos de mantenimiento mayor en El Rey, puesto que el tiempo y los huracanes prácticamente habían vuelto a enterrar bajo la arena a buena parte de los edificios del sitio; los trabajos de ambos arqueólogos continuaron realizándose en contextos habitacionales del sitio en 2007. Tres años después, Sandra Elizalde realizó una temporada de mantenimiento mayor, conservación y puesta en valor de algunos de los edificios principales.


Arnold, Channing y Frederick J. Tabor Frost, 1909, The American Egypt: A Record of Travel in Yucatan, México, Londres, Hutchinson and Company

Elizalde, Sandra, 2010, Informe de los trabajos de mantenimiento mayor realizados en el sitio de El Rey, Quintana Roo, Archivo Técnico del CINAH Quintana Roo, INAH, México.

Gann, Thomas, 1924, In an Unknown Land. Nueva York, Charles Scribner’s Sons.

Holmes, William H., 1895, Archaeological Studies among the Ancient Cities of Mexico. Chicago, Field Columbian Museum, Anthropological Series, Vol. 1, núm. 1.

Le Plongeon, Alice, 1889, Here and there in Yucatan, Nueva York, John W. Lovell Company.

Lothrop, Samuel K., 1924, Tulum: An Archaeological Study of the East Coast of Yucatan, Washington D.C, Carnegie Institution of Washington, Publication 335.

Mayer Guala, Pablo, 1990, Arqueología de Can Cun, la relación arquitectura-cerámica, Tesis de licenciatura, México, Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Terrones, Enrique y Luis Leira, 2007, Informe de exploraciones arqueológicas en el sector sur de la zona arqueológica de El Rey, Quintana Roo, México, Archivo técnico del CINAH Quintana Roo, INAH.

Velázquez Morlet, Adriana y Luis Leira Guillermo, 2010, Guía. Tulum, El Meco, El Rey, Xcaret, San Gervasio, Xelhá, Muyil, Cobá, Quintana Roo, México, serie Zonas Arqueológicas, Arqueología Mexicana, INAH, México.
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