Opinión de un experto
Exposición de Cristóbal de Villalpando
Julio 2016, Feria de las Flores.

Sin duda es un hecho sorprendente que las piezas que aquí se exhiben de manera temporal o las que se encuentran también en la Sacristía del Convento como los muebles, las yeserías y algunas otras pinturas, esculturas o documentos, se hayan conservado casi en su totalidad desde que se decidió que fueran colocadas hace casi cuatrocientos años por los frailes carmelitas. Pese a los difíciles momentos que tiene que sufrir el edificio a lo largo de su historia, con la que debió haber sido una de las mejores colecciones de obras de arte en la época virreinal que aquí se resguardaban. Después, a lo largo de los años serán victimas del saqueo, el abandono y la destrucción. Sin embargo, hay espacios como la Sacristía del Convento de El Carmen en San Ángel, que se conserva casi en su totalidad tal y como fue concebida después de una serie de remodelaciones que se realizaron al edificio en el último tercio del siglo XVII, para darle al templo de El Carmen una sacristía renovada. Entre las varias obras que se realizaron en este espacio, hay que destacar la colocación de una serie de plafones en madera ricamente tallada dorada y policromada por artesanos mexicanos, con representaciones de cabecillas aladas y otros elementos decorativos. El espacio servía como vestidor, se guardaban en las cómodas y alacenas algunas adosadas a los muros, todos los instrumentos con los que se oficiaría la misa.

Principalmente hay que resaltar la presencia de la magnífica cajonera en madera con incrustaciones de hueso esgrafiado, herrajes en metal y cubierta de cuero en la que se guardaban las vestimentas que eran usadas para la celebración de la liturgia, sobre la que se encuentran los cinco lienzos que exaltan los valores de la penitencia, en que se representan los más importantes místicos carmelitas: Santa Teresa y San Juan de la Cruz, que se mezclan con dramáticas escenas de la Pasión de Cristo. Estos cinco magníficos lienzos fueron encargados a uno de los pintores más importantes de la época virreinal, Cristóbal de Villalpando (siglos XVII-XVIII). Desgraciadamente no todo se conservó intacto, pongamos como ejemplo el interior del mueble que debe haber existido en el hueco que se cubre con dos puertas talladas en madera (puerta Mariana), también de finales del siglo XVII, representando diferentes elementos que hacen alusión a la Virgen María.

Podríamos suponer que para la realización de los cinco lienzos de la Sacristía, Villalpando siguió un guion iconográfico, que le debe haber sido entregado por los mismos monjes de San Ángel. En la primera obra se representa un pasaje de la vida del santo carmelita San Juan de la Cruz, el cual refiere que, estando en oración y en actitud de flagelarse, en el convento de Segovia en España frente a la imagen de un Cristo, el místico mantiene una plática que se representa en el par de filacterias o leyendas escritas en latín, donde Cristo le dice a San Juan “Ioanis quid vis pro laboribus“ (¿Es el dolor la fuerza necesaria para trabajar?), quien a su vez responde “Domine pati et contemni prote” (Señor padeceré por vos y seré despreciado). Al fondo de la escena dos frailes son testigos de la visión del santo y de la ejemplar disciplina. Vale la pena observar con detenimiento el trabajo de los dos floreros que están colocados sobre el altar y de lo bien logrado la transparencia de sus vidrios.

Como correspondencia a esta escena y de manera simétrica y muy parecida a la anterior, en otro de los cuadros aparece Santa Teresa de Ávila, la gran teóloga reformadora de la orden, hincada también en actitud de estarse flagelando, en un altar frente a un crucifijo al que le dice “misericordias tuas Domini in oeternum cantabo”(cantaré siempre tus misericordias, Señor). Al igual que en el cuadro de San Juan, se observa a una religiosa al fondo que contempla la escena. De esta pintura hay que observar también con detenimiento el trabajo del pintor para representar la tela que cubre el altar y que asemeja brocados, y los encajes en las carpetillas blancas, al igual que los dos floreros de cristal que lo adornan.

La obra en que se muestra el momento más representativo de la Pasión de Cristo es la dramática escena de la “Oración en el Huerto”, colocada en uno de los laterales de la sacristía. En ella Villalpando recrea el pasaje bíblico narrado en los Evangelios de Mateo (26: 36-46), Marcos (14: 32-41) y Lucas (22: 39-46). Es importante observar la expresión de angustia que se representa en el rostro de Cristo, y el papel protagónico que Villalpando concedió al ángel que apareció para consolar a Jesús. Seguramente la atractiva y gallarda figura que se destaca en este conjunto debe ser la del arcángel San Miguel por uno de los elementos más característicos de la iconografía del personaje; la coraza tachonada de estrellas. Observemos la gran luminosidad lograda en los magníficos paños que se arremolinan en su cuerpo y que además contrastan con su movimiento.

Al centro del conjunto Villalpando colocó una escena de Cristo atado a la columna. La pintura tiene como origen un pasaje muy corto del Evangelio de San Mateo (27:26), en donde Jesucristo es azotado por órdenes de Poncio Pilato. La figura principal emerge dramáticamente de las sombras del calabozo. Un grupo de ángeles niños lloran y lo rodean compadeciéndolo. Uno de ellos lleva una candela que pretende iluminar la escena. Villalpando seguramente se inspiró en el cuadro que los carmelitas tenían en la cripta del convento, y que hasta la fecha se encuentra ahí mismo, en donde podemos ver en el hombro izquierdo, clavada, una espina de las zarzas con que había sido azotado.

Finalmente el grupo se cierra con la escena conocida como el Rey de Burlas, Mateo (27-31). Se narra que inmediatamente después de que azotaron a Jesús, fue despojado de su ropa, se le colocó un manto rojo y una corona de espinas. En la mano derecha le pusieron una caña a manera de cetro. Un grupo de tres ángeles lo acompañan y lo consuelan con expresión de dolor. Muchos de los llamados símbolos que tradicionalmente aluden a la Pasión completan la imagen representada. Es de llamar la atención el intenso colorido en rojo del manto que cubre parte del cuerpo de Jesús y de la vestimenta de uno de los ángeles, considerado un color emotivo y llamativo que representa la sangre y la muerte por llegar.

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INAH- Museo de El Carmen
San Juan de la Cruz. Óleo sobre tela. Último tercio del siglo XVII, posiblemente.
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INAH- Museo de El Carmen
La oración en el huerto. Óleo sobre tela. Último tercio del siglo XVII, posiblemente.
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INAH- Museo de El Carmen
El Rey de burlas. Óleo sobre tela. Último tercio del siglo XVII, posiblemente.
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INAH- Museo de El Carmen
Santa Teresa. Óleo sobre tela. Último tercio del siglo XVII, posiblemente.
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INAH- Museo de El Carmen
El Señor de la columna. Óleo sobre tela. Último tercio del siglo XVII, posiblemente.
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