Opinión de un experto
La navegación y el comercio
El ejemplo de Polé

En tiempos prehispánicos, los mayas navegaban por ríos y lagunas así como en el mar. En el mar la navegación era era de cabotaje, es decir cerca de la costa. En todos los casos, los navegantes requirieron de sólidos conocimiento de las corrientes, de los cambios del tiempo, del dominio de las mareas, orientación y por supuesto de la destreza en el manejo de las canoas a remo. Estas naves eran de una sola pieza y las fabricaban por medio de ahuecar el tronco de un árbol, cuya madera garantizara su durabilidad y flotación. Representaciones gráficas de estas canoas y de los remos utilizados en aquellos tiempos están ilustrados en la pintura mural como la del Templo de los Guerreros en Chichén Itzá, en numerosas vasijas pintadas, labradas en huesos y en las páginas del Códice Dresde. También hay varias referencias en fuentes coloniales donde se dan a conocer algunos detalles.

La navegación de cabotaje, desarrollada intensivamente durante el Posclásico en la costa maya, requirió de ciertos apoyos para su mejor desempeño, como puertos de abrigo para refugiarse en caso de mal tiempo (caletas, entrada a lagunas), de algunos puntos de referencia en tierra que les fueran indicando el punto en el que se encontraban, o de qué pueblo se trataba. También era imprescindible contar con apoyos visuales que señalaran por dónde podrían entrar y salir del arrecife, dónde se encontrabas las entradas a lagunas o canales interiores que permitieran una navegación más segura y tranquila o en el caso de un mal tiempo súbito.

Este conocimiento marítimo permitió, con el tiempo, el establecimiento de una nutrida ruta comercial bien establecida que llevó a un control, distribución y comercio de bienes de diferentes regiones y por ende la posibilidad de un intercambio de ideas. De la costa eran importantes productos como la sal, conchas y caracoles, pescado seco etc., que se podía intercambiar por productos de otras regiones como la obsidiana, piedra verde, pedernal, plumas, mantas de algodón, miel, cera, etc.

Sabemos que los mayas navegaban desde tiempos antiguos, ya que algunas islas alejadas varios kilómetros de la costa fueron pobladas desde el Preclásico Tardío (300 a. C- 300 d.C.). La actividad naviera incrementó al paso del tiempo y para el período Postclásico ya se tenía desarrollada una gran ruta comercial que rodeaba a la península de Yucatán, llegaba al Golfo de México por la costa oeste y hasta Honduras por la costa oriental del Mar Caribe. Las rutas marítimas se combinaban con otras fluviales e incluso terrestres lo que ampliaba la gama de productos a intercambiar.

El puerto de Polé fue un ejemplo excepcional, ya que constituyó el punto principal de embarque y desembarque hacia la isla de Cozumel, donde el santuario de la diosa Ixchel atraía a miles de peregrinos venidos de diversos puntos. Sin duda la confluencia de tanta gente lo convirtió en un puerto de embarco y desembarco, así como de comercio e intercambio de productos.

Esta prolífica ruta comercial indígena fue truncada durante la Colonia, lo que cambió radicalmente el balance de la economía y la organización política indígena de los miles de habitantes de la costa y de tierra adentro que de ella dependían. Sin embargo, el nombre de Polé se preservó aún en la Colonia y se construyó una sencilla iglesia en la segunda mitad del siglo XVI. Esta iglesia no contaba con un cura de planta sino que dependía del cura de Cozumel para los ritos religiosos.

Cambios drásticos como las enfermedades introducidas por los españoles diezmaron notablemente la población, quedando unos cuantos pueblos pobres y con pocos habitantes. Para el siglo XVII la costa oriental de Quintana Roo se vio asolada por numerosos ataques piratas, siendo Cozumel uno de los objetivos más frecuentados. Polé no fue la excepción y sufrió varias incursiones de piratas que provocaron que, alrededor de 1668, los pocos habitantes que quedaban fueran trasladados tierra adentro a Chemax y Boloná en el actual estado de Yucatán.
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